"Piel de cactus", un film de lo onírico y mágico, en conjunción con las leyes de la física cuántica.


 

 

         

            En los últimos años el cine más serio y vanguardista se ha dado a conocer con títulos y autores que les rompen todos los esquemas a los espectadores. No ocurría así hace más de veinte años. Por ejemplo, mi admirado Christopher Nolan [Memento u Origen], que ya tiene gente de culto como yo, no se para a dilucidar si el espectador medio "va a entender el contenido" de sus películas. En su caso, estoy esperando con ilusión su próxima entrega, aunque dicen que hasta el 2020 no hay nada que hacer. Todo esto, porque vengo a hablar de una película que rodamos Aurelio y yo hace ya la friolera de 22 años, en 1997, bastante antes de que mi admirado Nolan se hiciera famoso. Rodada en 35 mm., como decía estuvo dirigida por Alberto Omar Walls y Aurelio Carnero, con guión de Alberto Omar Walls, teniendo en los principales intérpretes a Maryta Capote, Ecky R. Bogner, Yamil Omar, Rosanna Walls, José Manuel Segado, Socorro Anadón y Marta González de Vega, entre otros. La fotografía corrió a cargo del profesor de San Antonio de los Baños de Cuba, J. M. Arana, y la música la hizo expresamente para esta película Milena Perisic.

               Interesa ahora tratar aquí la temática que planteaba: Lo onírico, los sueños, las coincidencias e intuiciones; el mundo de lo que no se ve pero se anuncia... Es evidente que todo el film se expresa en el intramundo de los sueños, donde una realidad da entrada y cobijo a otra realidad, como en la técnica de las muñecas rusas. Nunca sabremos si estamos ante lo soñado o lo real en cualquiera de las secuencias que se observan a lo largo de todo el largometraje; la física cuántica da carta de naturaleza a elementos hoy tan evidentes como los distintos planos de la realidad, los mundos o universos que nos acompañan, además del entrelazamiento cuántico...

            Pero el aparente tema lineal de la historia se podría resumir de la siguiente manera: Cecilio fue un empresario modélico de una importantísima empresa de ventas mobiliarias durante muchos años, pero un día se vio en la necesidad o el impulso de cambiarlo todo en su vida. Quizá porque habían bajado las ventas, junto a los celos con su mujer, que lo amargaron en exceso durante tiempo o porque ésta, Julia, le reprochaba muy a menudo su carácter dominante y, en momentos, hiriente. En cualquier caso, lo come el insomnio y no sabe adónde va ni conoce un medio exacto de hallar un camino interior que lo sitúe en equilibrio. Por el contrario, y eso lo alarma, cuando precisamente ha dejado de buscar valores en la realización de sus objetivos empresariales, se sitúa en una desapasionada relación con lo que lo rodea, hasta el punto que no sabemos (ni el mismo lo sabrá )  si los sueños, los deseos y la realidad están intercambiándose permanentemente sin que logre deslindar los contornos de las experiencias de unos u otra; es decir, salta de la tercera a la cuarta dimensión espacial a través de las ensoñaciones.

               Por ello, quizá, decida contratar en sueños a un conocido asesino a sueldo para que mate a su mujer. En un deambular sin rumbo fijo, se le plantea la posibilidad de casarse por dinero con una mujer hermosa aunque le confiesa que le hubiese encantado hacerlo por amor, y hasta recibe dinero de manos de un amante desconocido que quiere deshacerse de su dama porque el tedio y el teatro de la vida los han engullido; y le paga para que Cecilio no deje huellas de su pasado. Al parecer, Cecilio y Sara (la mujer a la que debería matar por dinero, encarnado por Marta González de Vega) se acaban encontrando en el marco de la soledad y el dolor, y se gastan el dinero en una cena donde ya se anuncia la futura relación erótica. Ambos elementos, soledad y dolor internos, son como el caldo de cultivo para la comprensión de la ternura y pasión que les acomete la misma tarde en que se conocen, y creen o imaginan hacer el amor en una habitación de hotel de carretera teniendo como testigos silenciosos, y jueces, a los otros personajes que rodean sus vidas pasadas.

            Para quien quiera visionar el film de manera lineal, y desde luego para no dejarse caer en el tópico de que "no entendí nada" (como ocurrió con muchos en el años 2000), les sugiero que la vean como si el noventa y cinco por ciento de la cinta fuera un sueño, aunque, desde el guión no quise nunca hacer diferencias entre la vigilia de las tres dimensiones, tenidas por real, y los sueños que se fabrican en la cuarta dimensión.

 


Algunos fotogramas de la película

Banda sonora de Milena Perisic

https://soundcloud.com/alberto-omar-walls/sets/banda-sonora-del-largometraje


Celuloide oculto

     Reproduzco aquí el número 105, de la revista ACADEMIA, de octubre de 2004, porque en ella, además de muchísimas noticias del cine español de esos momentos, el historiador y escritor cinematográfico Ernesto J. Pastor, publica un artículo, titulado Celuloide oculto donde hace referencia a Piel de cactus y sus avatares y el de otras películas que sí pudieron se estrenadas como la nuestra. Aunque, desgraciadamente, el título se refiere más a tantos otras películas que nunca pudieron ser estrenadas y sus autores tuvieron que guardarlas. 


      Aunque Ernesto J. Pastor no entra en estadísticas, diremos, por ejemplo, que en el año 2008 se rodaron 173 largometrajes. Ese año, una vez estrenadas las películas que pudieron hacerlo, 24 de ellas registraron menos de 100 espectadores, ¡pero unas cincuenta películas se quedaron para siempre sin estrenar, sin ser vista por nadie! Las razones que expliquen estas desgracias cinematográficas serán muchas, desde la calidad objetiva de un film [aunque lo bueno o malo en cine sea tan relativo], o el conectar poco con el público y, desde luego, el que haya tenida una mala o nula distribución... En cualquier caso, es un interesante artículo que propicia reflexiones sobre el tema.

 

    Adjunto dos pdf, uno con la revista completa y otro solo con el artículo de Ernesto J. Pastor, titulado Celuloide oculto.

 

 

 

 

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