Puestas en escena

Una estrella

“Una estrella” de Paloma Gómez Pedrero

Dirección: Alberto Omar Walls

Intérpretes: Bibiana Monje, José Manuel Segado, Claudio Trina, Antonio Conejo  

Platónica Teatro [2010]

 

    Un padre y su hija son los protagonistas de Una estrella. El padre, sin embargo, no aparecerá físicamente en el escenario en ningún momento. Porque Una estrella cuenta la reconciliación de una joven con su progenitor, un bebedor de malvivir muerto prematuramente, haciendo su transferencia vital y psicológica a través de su relación con un amigo del padre. Eso mismo, el proceso de encuentro, enfrentamiento y perdón, es la obra. En alguna ocasión la autora, Paloma Gómez Pedrero, dijo: "La escribí con la intención de hacer pensar que con resentimiento y odio no se puede vivir ni aspirar a ser feliz. Es una historia sobre el perdón".

   Como director me centré en las sutilezas metafóricas del trabajo actoral que conducen los personajes que mueven la escena, pues son los actores soportes exquisitos de los actantes. Sobre el escenario, un descarnado proceso psicológico al padre ausente y un juicio social al hombre que destruye la familia y sus miembros. La acritud está controlada, aunque sentimientos y emociones bullen en el subtexto. Nadie quedará indiferente.

            

 

Huérfanos


HUÉRFANOS de Lyle Kessler.

Intérpretes:Thomas Schumann, Jorge Armas Davara y José Manuel Segado 

Dirección: Alberto Omar Walls

Producción: Platónica Teatro [2006]

 

     Dirigir a estos tres magnífícos actores -Thomas Schumann, Jorge Armas Davara y José Manuel Segado Fraile-, ha sido la labor más gratificante con la que me he enfrentado en los últimos meses. Los tres han coincidido en un esfuerzo común para situar sobre el escenario esta conmovedora comedia de corte norteamericano y de título tan poco español, Huérfanos, pero con el que acabas identificándote muy pronto. Su autor, Lyle Kesler, con exquisita maestría, nos conduce casi sin muchas sorpresas, con su aparente leve mano, por los recovecos intricados de la soledad humana. Esa soledad que se produce desde el primer minuto de nuestro nacimiento cuando nos hacemos independientes de la marmita del seno materno. Pero la maternal invitación a ser conducidos a través de la niñez se trunca muy pronto en nuestros personajes quienes se ahondan, para poder vivir, en una cotidiana neurosis apuntalada por la marginación. A partir de ahí, drama y comedia, concitan sus urdimbres para fabricarnos un reto que no tiene demasiados precedentes en nuestro teatro español contemporáneo. Un reto que para la dirección escénica se agranda en cuanto has de fabricar una verosimilitud en un territorio sin retorno. Claro está que la educación, el amor, la solidaridad o la ternura gravitan como ángeles liberadores sobre las cabecitas de los dos huérfanos  Philip y Treat, atraídos por las buenas voluntades del maestro hampón Harold, pero, aunque la luz pueda ser entrevista a través de la supuesta cultura liberadora, el antiguo territorio de la niñez no podrá ya recuperarse. La infancia será el lugar donde se muere en paz, porque en la niñez es donde se nace a la vida.

    ¿Se acuerdan de aquella fantástica película de Truffaut (1969), L‘enfant sauvage? Ahí se mostraba el sublime esfuerzo de la buena cultura de manos de un investigador por salvar a un niño de su cavernícola condición de asocial; y se demostraba que el auténtico logro y milagro de superación radicará siempre en el esfuerzo mismo no en sus resultados. Huérfanos nos cuenta que en el territorio de lo más abyecto residen también la dulzura y el amor; que en la violencia se halla mucha dosis de ternura, que en el dolor está el diván del descanso y la introspección; y que para renacer de entre las obscuridades y el terror sólo nos hace falta ser auténticos. Hayas escogido tú u otros por ti tu camino de vida, intenta en todo momento mostrarte ante tu espejo con el dolor, tu sonrisa, la emoción, tu llanto…

     Vivir es recordar, pero vivir es también olvidar a tiempo o dejar pasar. Como metáfora nos vale: en cualquier caso todos somos como una especie de huérfanos que buscamos permanentemente nuestras raíces universales, y que vamos a la búsqueda de un imposible. Nuestra primera madre y nuestro primer padre se ocultan entre los pliegues de los mitos y los humos rituales de las religiones. La cultura ha venido a sustituirles, como un placebo de los más hondos sentimientos atávicos. ¿Quién no ha deseado alguna vez -o soñado, que es lo mismo- ser acunado en los brazos divinos de un padre celestial? Soñar con eso te transformará en tu propio padre: única fuente de poder.

     Trabajar mano a mano con estos tres doloridos seres, Philip, Treat y Harold, para ayudarlos a que se enfrenten ante el espejo público del patio de butacas, es un proceso que no acabará nunca. Esto que les mostramos ahora, hoy, será uno de esos hallazgos que en el tiempo se dan, pero recuerden que la puesta en escena perfecta es imposible.

La búsqueda, cualquier búsqueda acaba de empezar…

    Un auténtico actor-actriz de teatro no debe conformarse con sólo agradar al público: ese es uno de los mayores desastres que le puede ocurrir, aunque el auténtico teatro esté en algunos territorios casi moribundos. Debe prestar su ser entero -físico, emoción intelecto-, para ir a la búsqueda de la verdad. Sólo de esta manera el personaje aparecerá en el escenario reencarnándose sobre los contornos del actor, aceptando su extraña figura y mostrándose así ante el público. El trabajo del actor ha de ser generoso, inteligente y plagado de ternuras. El director ensambla, reconstruye y muestra un punto de vista respecto de unos conflictos humanos que anteriormente sólo fueron letra impresa. El público ha de verse afectado, no puede salir del edificio teatral como llegó y ha de sentirse impelido a reflexionar sobre la condición humana y el mundo y, si fuera preciso, a transformarlo.  Si el teatro no te cambia, aunque sea muy poco, no es teatro. Y como público desconfía del teatro que en todo te dé la razón.

    Asistan a la representación en vídeo de Huérfanos con el ánimo dispuesto para algún tipo de catarsis, claro está, pero también, y no es una contradicción, para permitirse tomar algún tipo de compromiso con respecto a la compleja realidad que nos re-presenta: la educación y la familia, la sociedad y la economía, la soledad, los sentimientos, las crisis y la amistad o el amor... [escrito por Alberto Omar Walls para el programa de mano en 2006]

 

                                                                  

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Rafael Fernández escribe sobre Huérfanos
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