Déjalo salir...

 

       Hoy me vino a la mente un viejo cuento sufí que nos habla, como modelo sencillo de instrucción sin tiempo ni espacio, del poder positivo de la mente, y, por supuesto también del gran poder negativo que en un momento determinado puede desarrollar.

       La mente puede ser un acorazado lleno de cañones dispuestos a combatir en todas las guerras personales, o también parecerse a una simple vara de bambú, elástica, dúctil y, aparentemente, sin personalidad. Porque la sencillez, cuando es humildad, se muestra a los ojos combativos como sin valor ni importancia; de ahí la creencia de algunos en que con sus dominios sociales han alcanzado algún tipo de poder. Pero sólo el humilde bambú puede con los vendavales. Por eso tengo de símbolo en mi jardín zen un bambú que crece silencioso, arraigando bien fuerte sus raíces en la tierra para darle poder a sus varas.

       En este relato se nos informa de que la vida nos muestra los rostros que antes fabricamos en nuestro interior. En este sencillo axioma están basadas la mayoría de las hermosas técnicas de autosanación. Porque al nacer entramos en el torrente o río del morir y enfermar, y nuestros únicos esfuerzos (¡si en algo habría que esforzarse en esta vida!) deben ir encaminados a mantener nuestra Conciencia cada vez más limpia, vacía, neutral, equilibrada.

      No más ni otra cosa es la sanación que ese simple ejercicio de comprender que nosotros mismo creamos todo lo que vemos y el territorio en el que vivimos.

      Grandes técnicas como la acupuntura, la acropuntura o manopuntura, Reiki, Elft, Hooponopono, Bioenergia, digitopuntura, gemoterapia, magnetoterapia, método Yuen, el Tao de la curación… todas ellas y más están destinadas a resolver el equívoco mental de que el mundo exterior es ajeno a nuestro mundo interior, cuando en realidad son la misma cosa. Porque no hay dicotomías. Si resolvemos toda esa deuda kármica, todas las facturas cósmicas quedarán pagadas.

      Pero vayamos al magnífico y sencillo cuento sufí titulado Reflejo de la Vida. Si te fuera posible, ponle sonido y léelo en alta voz. Escenifícalo, ponle aquellos rostros y voces que imaginas en sus protagonistas. Vivencia el relato para que no se te quede en una lectura más, distanciada de tu comprensión e inteligencia emocional.

      Lo profundo e inmenso, es casi siempre, muy sencillo y corto, como las grandes verdades. Dice así:


 Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada de su propio pueblo. Un día, un joven caminante extranjero se le acercó y le pregunto:

- Yo nunca he venido por estos lugares... ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano le respondió con otra pregunta:

- ¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?

- Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allá…

- Así son también los habitantes de esta ciudad -contestó el anciano.

Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta:

- Voy llegando a este lugar. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano, de nuevo, le respondió con la misma pregunta que le hizo al anterior muchacho:

- Dime, ¿cómo eran los habitantes de la ciudad de dónde vienes?

- Eran buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos.

-También los habitantes de esta ciudad son así -respondió serio el anciano.

 

Un hombre que había llevado a sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano:

- Pero hombre de Dios, ¿cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?

- Mira, vecino - le respondió-, cada uno lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado del que viene, tampoco lo encontrará aquí. En cambio aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará aquí amigos leales y fieles. Porque las personas son sólo lo que encuentran en sí mismas. Hallan siempre lo que esperan encontrar. ¿No lo sabías?, todo lo bueno y lo bello de la vida que necesitas, lo llevas dentro de ti. Sólo hay que dejarlo salir…

 

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