Un capítulo de La sombra y la tortuga

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Doña Amparo  Walls  Hernández

 

 

© Alberto Omar Walls

 

Tal día como hoy, 7 de enero de 2.011, se marchaba de este plano de vida nuestra madre, Amparo Walls Hernández, dos meses antes de cumplir los 97 años. Era muy señora, aunque sus amistades la llamaran Amparito, con o sin el doña por delante. Me gusta recordar a quienes quise, amé o admiré, con los mejores dones de su alegría, creatividad y claridad mental. Y ella, no porque fuera precisamente mi madre, estuvo siempre ocupando el mejor nivel que la época le permitía a las mujeres. Le brindo aquí un sencillo recuerdo, testimoniado en su creatividad, a través del enlace que mantengo en mi web. Soy de los que dicen, y creen, que la energía ni se crea ni se destruye, y que somos energía en acción de vida física; porque la vida universal continúa con o sin cuerpos orgánicos. La última canción que escuché de sus labios se titula Como la abeja a la flor, del maestro Francisco Ferrer.

            No soy muy partidario de celebrar la muerte de un escritor o un artista, sea quien sea, porque me parece más creativa la celebración de su nacimiento, al menos en nuestra tercera dimensión (que, en realidad, es cuarta si contamos el tiempo). Pero depende, ¿verdad? del lugar en que te coloques.  Son los famosos e imprescindibles puntos de vista, que en la literatura, la plástica y el cine son tan esenciales. Si se está de este lado, el nacimiento en la Tierra es celebrado con alegría. Si se está del otro, sea cual sea el lugar donde se desemboca, y se espera o ansía el reencuentro, la congratulación se producirá igualmente, aunque aquí se llore, añore o mitifique persona y obra.

 

¿Y quién podría afirmar que el nacer aquí, no implique una especie de muerte del otro allá? Aunque cualquier día sea bueno para nacer o morir, tenemos aún demasiadas incógnitas, en ambos aconteceres, que ninguna religión nos ha resuelto definitivamente. ¿Hay, en verdad, un allá? Claro que sí, de la catadura que sea, porque somos energía…, y esto parece que no para.

   Un 3 de enero de 1920, muere Benito Pérez Galdós, aunque haya nacido el 11 de mayo de 1843. Umberto Eco nace el 5 de enero, pero don Ramón María del Valle-Inclán muere cuatro años después. El 6 de enero nace Khalil Gibran, pero el 7 muere Juan Rulfo, y Amparo Walls Hernández (aunque nació el 1 de abril de 1914). Un 8 de enero mueren Galileo Galilei y Paul Verlaine, en siglos bien distintos, veinte años después. Simone de Beauvoir nace un 9 de enero, pero el 10 muere Gabriela Mistral, cincuenta años después…

 

Madre Amparito siempre se mantuvo joven de mente, aunque el cuerpo le fallaba en algunos extremos (sobre todo las piernas), y en todo momento tuvo muy claro que quería estar entre los vivos, como mínimo su familia y amigos, y no entre los que se preparan en los asilos a morir, o a empezar a morir, porque estaba siempre activa y optimista; tenía proyectos que llevar a cabo, escribía sus memorias (¡dos libros publicó!), atendía llamadas y estaba al tanto de los familiares y amigos fuera de las islas, leía y veía muy poco la tele, y practicaba el don del mando y la organización familiar, que no era poco... Ser anciano no es una condición irreversible, salvo que la mente esté amaestrada por completo para declinarse hasta la tumba. A este respecto, apunto aquí el interesante vídeo de un doctor, Adolfo Pérez Agustí, que propone unos claros objetivos que recuerdo bien mi madre ya ponía en práctica. 

 

En este trasiego de vidas y muertes, no parece que el tiempo sea muy pertinente. ¡Ah, el tiempo, qué gran invento humano del que Einstein no quiso separarse! Puede que nada sea pertinente en nuestra existencia, porque el sol (el nuestro) sigue su danza casi infinita con sus planetas en órbita, agarrados por la gravedad a los talones, pero nunca, por ahora, llegan a encontrarse.

 

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De numerología 2017, firmas de libros y crisálidas

 

        1. Para cuando esto leas, ya estaremos en la noche del cinco de enero de 2017. Es decir, ya viviendo en un año del diez; bueno, del número 10, pues 2+0+1+7, es igual a 10. Aunque, claro está, si seguimos sumando, 1+0, es igual a 1, con lo que el año lo hemos transformado en la unidad que comienza con alguna serie de acontecimientos que aún desconocemos; pero, al ser el número 1, se ve que ya tenemos la fuerza de voluntad y los espacios propicios para comenzar nuevos proyectos. Me he hecho mi numerología del nacimiento en relación con el 2017, y me ha salido estupendo. Hay por ahí muchos enlaces para que te la hagas, aunque antes te propongo que nunca te tomes nada a pie juntillas, porque o jugamos para simplemente experimentar, o mejor es dejar el futuro en manos de la incógnita o el azar (aunque no crea nada en el azar). Para mí todas estas cuestiones son juegos, como la astronomía, la grafología, la quiromancia, lectura de cartas y tarot, fondos del café, el I Chin (libro de la sabiduría), ¿por qué no experimentar con todo lo que nuestras culturas del pasado nos han ido dejando?…; claro está, juegos, pero no estupideces, porque su eficacia dependerá siempre de quien las use y del grado de preparación y conocimiento que se posea. Por otro lado, estoy seguro que cualquier don tenido, de este jaez, debe de usarse sin cobrar dinero alguno; porque comerciar con esos conocimientos les resta validez a las informaciones, las falsea. Así que ¡ojo!, pero ese es otro tema…

 

    2. Más firmas de mi novela lagunera: ayer, miércoles,  4 de enero, estuve desde las cinco de la tarde hasta las ocho, en la Librería El Águila de La Laguna (de La Carrera), firmando ejemplares de mi novela La sombra y la tortuga. Es muy buena fecha para comprar y regalar buenos libros a los amigos y familiares, y mi eficaz amiga Bea me lo propuso, quizá por eso allí fueron a visitarme amigos de siempre para que les estampara una dedicatoria y firmara en los libros que compraron para regalar. Estuvieron, entre otros muchos: Didié Sarda (ese buen poeta y gran tudurasquita, que sabe mucho más de Rafael Arozarena que tú y yo, y mira que lo conocí y traté durante tantos años cuando viví en la avenida Anaga); también Javier Medina López (magnífico cantante y flamante catedrático que acaba de aprobar su cátedra universitaria con los mejores parabienes del tribunal), con Armando Valladares (de bella barba y eterna sonrisa); Miguel Alemán (intelecto y prudencia, amistad y clarividencia, a quien veo ahora muy mejorado de su salud: ¡estupendo!); Dulce González Doroste y Rafael Alonso Solís (esposos y catedráticos ambos de nuestra ULL, abuelos de una exquisita niña de ojos azules y de fuerte luz poderosa; con Rafael compartí amistad y encuentro teatral en el TEU de Medicina de Madrid, cuando actué en el Teatro Nacional Universitario allá del año 1963, con El círculo de tiza caucasiano, dirigida por el gran Alberto Castilla, ahora Alonso Solís  estrena su primera novela); Eduardo Trinchán, su hija Clara, y su esposa Marta (venidos de El Escorial, como todos los años, esta vez acompañados de unos amigos gallegos, Juana, Lilo y un joven con vocación de buen  gurú, que no me dijo su nombre); Antonia Sánchez Leiva y su esposo José Manuel Segado (grandes amigos siempre presentes); María Bello,  Gisela, María del Carmen, Montse… y otros muy buenos lectores que se me acercaron pero de los que ahora no recuerdo sus nombres. 

 

    3. La vida sigue y se renueva... porque va del símbolo de la mariposa monarca. Esta mañana pude asistir, en mi jardín, a algo hermoso e insólito (al menos por mi parte), pero que hemos usado hasta la saciedad en los juegos metafóricos de las crisálidas: los huevos minúsculos, amarillos, en este caso las esclepias, la enorme oruga o en su tiempo de larva, la crisálida con el nacimiento de un nuevo ser en forma de mariposa y el olvido del cascarón corporal seco, espartoso… Es decir, en este caso, la transformación de la gran migratoria mariposa monarca, hoy aún larva a lo que será mariposa bella como un vitral. No deja de ser extraño que no estemos en primavera o verano, pero ellas creo que atenderán solo al buen tiempo canario y seguro que en quince días más estarán por aquí revoloteando y alegrando nuestras vistas con sus bellas alas doradas y negras.

 

     4. Esta noche, los Reyes Magos... A esta altura prefiero más regalar, quizá  por aquello de que todo lo que se da, te vuelve duplicado. Sigo con la corrección final de mi nueva novela, Sin comienzo ni final (como definía al Tao el gran Lao Tzé). 

 

 

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Sencillez

 

      © Alberto Omar Walls

 

 

     Sobre el regio flamboyán que pierde sus hojas, se posa un exótico pajarillo multicolor. El hombre, al percatarse de su inusitada presencia, piensa que seguro se escapó de alguna jaula de las casas vecinas. Canta, y hace una delicia de sentidos la mañana. Le ha roto el silencio interior, pero, arrebatado de misticismo, le aplaude.

      El pajarillo se va.

      Así debería ser la auténtica humildad, que huye ante cualquier tipo de halago.

 

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Ningún hikikomori quiere crecer

 

 

© Alberto Omar Walls

 

 En una de las sociedades más modernas de hoy, Japón, conviven en soledad perpetua uno de cada diez jóvenes, alcanzando a más de un millón: se trata del fenómeno hikikomori. Esa extrema contradicción se produce porque han cambiado por completo las formas de relación familiar y social. Y sabemos que no se da sólo ese caso de aislamiento en el Oriente de la economía a escala, porque en nuestro país ya hay muchos jóvenes que se niegan a salir de la habitación.

 

Habrá que recrear un nuevo humanismo, porque las cosas como van no parecen ir nada bien. No me pregunten, no sé qué humanismo necesitaríamos, porque solo de la comunicación a través del Amor, y no conozco otro modelo; ahora sólo pretendo hablar en alta voz al amigo que me lea ahora para comunicarle una extrañeza, una desazón, porque, si hay algo cierto, es que esos jóvenes enclaustrados están denunciando a gritos a esta sociedad…

 

O quizá habría que ponerle a algún perro viejo un nuevo collar, o destruirlo todo para comenzar de nuevo. A pesar de los intentos destructivos, de todas formas seremos arqueología de estudio para los futuros pobladores de este planeta incansable.

 

A nadie se le oculta ya que un desasosiego sórdido recorre los territorios urbanos de la actual sociedad, y que hay una paloma sin paz muy enfadada, terrible y pragmática, que busca venganza.

 

Muchos jóvenes sienten sobre sus cabezas el peso de esa sombra alargada de la paloma sin paz, y se les ensombrece la vida, si la rabia contenida de la buchona les orada las circunvoluciones cerebrales o les inocula el mensaje depresivo de una existencia inútil.

 

Se ha producido un cambio en los últimos años con el tamaño de las familias, el de la relación de los padres con sus hijos y el tortuoso camino de sus independencias sociales. Recuerdo otras épocas insulares donde el primogénito era quien abría primero la puerta de la calle y se iba a buscar nueva vida por el anchuroso y ajeno mundo. Nada optimista, pero sí contenido en los orgullos y muy peleón. Luego, si en extraña tierra se estabilizaba, mandaba a buscar a los hermanos, la mujer e hijos. Era tónica general hacerse de profesión emigrante y, aunque el olvido venía a ser el riesgo que se corría, normalmente el primogénito tiraba de los familiares como el hurón de los escondidos conejos. La isla fue durante mucho tiempo una madriguera para el olvido y la miseria. Por eso se emigraba y la vida contumaz los expulsaba a fuera con la rapidez de un dvd del ordenador.

 

Me marché pronto, pero volví. Es cierto que todo riesgo contiene arrecifes ocultos bajo el inconsciente (¿la sombra?), sólo es cuestión de ver las consecuencias de nuestros desplantes a la vida. ¿Relación de causas y efectos?, ¡tamaño trabajo otear en el futuro, que ni imaginas, las consecuencias del día a día, pero la física cuántica nos dice hoy que ya puedes escoger el mejor de los futuros posibles! De uno depende ser observador consciente y saber intervenir en nuestro devenir; vamos, adelantarse al futuro. Hace muchos años me escribía con el maestro Ernesto Sábato (antes que gran escritor fue físico en París, donde se relacionó con el surrealismo), y una vez le conté que yo creía en la memoria del futuro. Esa idea era para mí una intuición, pero él se la tomó muy en serio, y en una carta me pidió que le explicara mi posición al respecto, que ahondara en la cuestión. Que mi intuición iba en serio lo sé ahora, pues a partir de la física cuántica empezamos a otear en esas posibilidades.

 

Muchos se arriesgaron con las consecuencias a lo largo de años en el gran esfuerzo de buscar mejoría social. Millones de jóvenes atravesaron el anchuroso, ventoso e inhóspito océano Atlántico, como si ellos fueran los descubridores de una nueva tierra, que de tan vieja no los permitió volver jamás. A mi madre se le perdieron sus ancestros femenimos en tierras o aguas americanas, porque nunca volvió a saber nada de la bisabuela Petra. Cuenta en su hermoso libro, Mariposas de papel, que se creyó durante tiempo que un viaje a Puerto Rico perdió la vida, en medio de un huracán, junto a dos de sus hijitos.

 

Porque a las islas no se vuelve, salvo en algunas excepciones donde el amor filial se acomoda con los años. Si estás cerca, vienes de vacaciones; si estuvieras muy lejos, preferirás morirte y que lo hagan tus descendientes. La carne emigrante del primogénito canario era de fibra correosa. Prefería quemar las naves para no mirar hacia atrás. Cuando decidía salir, con la parsimonia y determinación de un suicida, el panorama de la nueva vida se le presentaba incitándolo a la acción. Era un proyecto que su mirada diseñaba como un esperanzado edén de holgura y abundancia. Se iban sin ostentar la morriña del gallego, ni los orgullos del vasco o catalán, quizá con el desafecto áspero del extremeño. Aunque, sí,  algunos volvieron...

 

Aconsejó el gran Goethe, escritor, pensador y director teatral, que había que darle a la vida lo que la vida nos exigía. Pero eso era en otras épocas, cuando se creía que la vida estaba formada por un territorio que había que conquistar con las monedas intangibles que una mano invisible nos depositó en los pliegues del primer pañal al nacer. ¿Pero cuál es el orden que habría de seguirse en las satisfacciones en este batiburrillo tribal, oligopólico, donde los valores esenciales están mercantilizados y la mentira y doblez es moneda de cambio y andan mezcladas?

 

No es nueva la necesidad de adoptar el lema de la negación como expresión cultural. Muchos movimientos sociales, culturales, artísticos, se han dado las manos teniendo la nada como protagonista: el dadaísmo de Praga fue uno de los más representativos, y resultó ser luego padre putativo del surrealismo parisino que se extendió por todo el mundo. Igual que el nadaísmo de Medellín de los años sesenta (movimiento que conoció Yamil), de carácter hondamente nihilista, pero rebelde y contestatario contra las instituciones sociales y el estatus quo. Y los seguidores de la generación beat volverían a beber de las mismas fuentes de las vanguardias históricas.

 

Pero volvamos a nuestra idea de hoy, cuando se da la situación terrible de que a Peter Pan le importa ya poco crecer o no, pues paraliza sus posibilidades de comunicación y tanto se distancia de los demás que casi muere en vida…, encerrado en un cuarto de cuatro por cuatro.

 

Son los hikikomori del Japón moderno unos jóvenes especiales que se aíslan voluntariamente del mundo y se quedan a vivir en una habitación de la casa paterna, donde apenas se relacionan con nadie. Encerrados en un cuarto como si esperaran que el aburrimiento los barriera de la vida. Así dejan pasar las horas con la única compañía de los muchos artilugios electrónicos que la industria del ocio ha creado para ellos. No esperan nada ni a nadie, y están dejándose morir con la misma parsimonia que una cajetilla de tabaco vacía tirada en el asfalto espera moverse para cuando un mal viento peregrino barra las solitarias calles al amanecer...

 

Es su manera tan especial de protestar. Sin ira, sin rabia, sin apenas hacerse notar, simplemente maldiciendo, con su silencio y distanciamiento el momento en que sus progenitores los trajeron a este conflictivo mundo contradictorio y autodestructivo.

 

¿Pero volverán a nacer?, ¿o se los tragará la Nada cósmica por no haber aprovechado la oportunidad de esta vida? Aunque hay más preguntas, no obstante, estas dos son las últimas: ¿cada acto es un designio que hay que cumplir, dictado desde las sombras?, ¿no existe el tan cacareado libre albedrío?

 

 

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Doña Amparo  Walls  Hernández

 

 

© Alberto Omar Walls

 

Tal día como hoy, 7 de enero de 2.011, se marchaba de este plano de vida nuestra madre, Amparo Walls Hernández, dos meses antes de cumplir los 97 años. Era muy señora, aunque sus amistades la llamaran Amparito, con o sin el doña por delante. Me gusta recordar a quienes quise, amé o admiré, con los mejores dones de su alegría, creatividad y claridad mental. Y ella, no porque fuera precisamente mi madre, estuvo siempre ocupando el mejor nivel que la época le permitía a las mujeres. Le brindo aquí un sencillo recuerdo, testimoniado en su creatividad, a través del enlace que mantengo en mi web. Soy de los que dicen, y creen, que la energía ni se crea ni se destruye, y que somos energía en acción de vida física; porque la vida universal continúa con o sin cuerpos orgánicos. La última canción que escuché de sus labios se titula Como la abeja a la flor, del maestro Francisco Ferrer.

            No soy muy partidario de celebrar la muerte de un escritor o un artista, sea quien sea, porque me parece más creativa la celebración de su nacimiento, al menos en nuestra tercera dimensión (que, en realidad, es cuarta si contamos el tiempo). Pero depende, ¿verdad? del lugar en que te coloques.  Son los famosos e imprescindibles puntos de vista, que en la literatura, la plástica y el cine son tan esenciales. Si se está de este lado, el nacimiento en la Tierra es celebrado con alegría. Si se está del otro, sea cual sea el lugar donde se desemboca, y se espera o ansía el reencuentro, la congratulación se producirá igualmente, aunque aquí se llore, añore o mitifique persona y obra.

 

¿Y quién podría afirmar que el nacer aquí, no implique una especie de muerte del otro allá? Aunque cualquier día sea bueno para nacer o morir, tenemos aún demasiadas incógnitas, en ambos aconteceres, que ninguna religión nos ha resuelto definitivamente. ¿Hay, en verdad, un allá? Claro que sí, de la catadura que sea, porque somos energía…, y esto parece que no para.

   Un 3 de enero de 1920, muere Benito Pérez Galdós, aunque haya nacido el 11 de mayo de 1843. Umberto Eco nace el 5 de enero, pero don Ramón María del Valle-Inclán muere cuatro años después. El 6 de enero nace Khalil Gibran, pero el 7 muere Juan Rulfo, y Amparo Walls Hernández (aunque nació el 1 de abril de 1914). Un 8 de enero mueren Galileo Galilei y Paul Verlaine, en siglos bien distintos, veinte años después. Simone de Beauvoir nace un 9 de enero, pero el 10 muere Gabriela Mistral, cincuenta años después…

 

Madre Amparito siempre se mantuvo joven de mente, aunque el cuerpo le fallaba en algunos extremos (sobre todo las piernas), y en todo momento tuvo muy claro que quería estar entre los vivos, como mínimo su familia y amigos, y no entre los que se preparan en los asilos a morir, o a empezar a morir, porque estaba siempre activa y optimista; tenía proyectos que llevar a cabo, escribía sus memorias (¡dos libros publicó!), atendía llamadas y estaba al tanto de los familiares y amigos fuera de las islas, leía y veía muy poco la tele, y practicaba el don del mando y la organización familiar, que no era poco... Ser anciano no es una condición irreversible, salvo que la mente esté amaestrada por completo para declinarse hasta la tumba. A este respecto, apunto aquí el interesante vídeo de un doctor, Adolfo Pérez Agustí, que propone unos claros objetivos que recuerdo bien mi madre ya ponía en práctica. 

 

En este trasiego de vidas y muertes, no parece que el tiempo sea muy pertinente. ¡Ah, el tiempo, qué gran invento humano del que Einstein no quiso separarse! Puede que nada sea pertinente en nuestra existencia, porque el sol (el nuestro) sigue su danza casi infinita con sus planetas en órbita, agarrados por la gravedad a los talones, pero nunca, por ahora, llegan a encontrarse.

 

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De numerología 2017, firmas de libros y crisálidas

 

        1. Para cuando esto leas, ya estaremos en la noche del cinco de enero de 2017. Es decir, ya viviendo en un año del diez; bueno, del número 10, pues 2+0+1+7, es igual a 10. Aunque, claro está, si seguimos sumando, 1+0, es igual a 1, con lo que el año lo hemos transformado en la unidad que comienza con alguna serie de acontecimientos que aún desconocemos; pero, al ser el número 1, se ve que ya tenemos la fuerza de voluntad y los espacios propicios para comenzar nuevos proyectos. Me he hecho mi numerología del nacimiento en relación con el 2017, y me ha salido estupendo. Hay por ahí muchos enlaces para que te la hagas, aunque antes te propongo que nunca te tomes nada a pie juntillas, porque o jugamos para simplemente experimentar, o mejor es dejar el futuro en manos de la incógnita o el azar (aunque no crea nada en el azar). Para mí todas estas cuestiones son juegos, como la astronomía, la grafología, la quiromancia, lectura de cartas y tarot, fondos del café, el I Chin (libro de la sabiduría), ¿por qué no experimentar con todo lo que nuestras culturas del pasado nos han ido dejando?…; claro está, juegos, pero no estupideces, porque su eficacia dependerá siempre de quien las use y del grado de preparación y conocimiento que se posea. Por otro lado, estoy seguro que cualquier don tenido, de este jaez, debe de usarse sin cobrar dinero alguno; porque comerciar con esos conocimientos les resta validez a las informaciones, las falsea. Así que ¡ojo!, pero ese es otro tema…

 

    2. Más firmas de mi novela lagunera: ayer, miércoles,  4 de enero, estuve desde las cinco de la tarde hasta las ocho, en la Librería El Águila de La Laguna (de La Carrera), firmando ejemplares de mi novela La sombra y la tortuga. Es muy buena fecha para comprar y regalar buenos libros a los amigos y familiares, y mi eficaz amiga Bea me lo propuso, quizá por eso allí fueron a visitarme amigos de siempre para que les estampara una dedicatoria y firmara en los libros que compraron para regalar. Estuvieron, entre otros muchos: Didié Sarda (ese buen poeta y gran tudurasquita, que sabe mucho más de Rafael Arozarena que tú y yo, y mira que lo conocí y traté durante tantos años cuando viví en la avenida Anaga); también Javier Medina López (magnífico cantante y flamante catedrático que acaba de aprobar su cátedra universitaria con los mejores parabienes del tribunal), con Armando Valladares (de bella barba y eterna sonrisa); Miguel Alemán (intelecto y prudencia, amistad y clarividencia, a quien veo ahora muy mejorado de su salud: ¡estupendo!); Dulce González Doroste y Rafael Alonso Solís (esposos y catedráticos ambos de nuestra ULL, abuelos de una exquisita niña de ojos azules y de fuerte luz poderosa; con Rafael compartí amistad y encuentro teatral en el TEU de Medicina de Madrid, cuando actué en el Teatro Nacional Universitario allá del año 1963, con El círculo de tiza caucasiano, dirigida por el gran Alberto Castilla, ahora Alonso Solís  estrena su primera novela); Eduardo Trinchán, su hija Clara, y su esposa Marta (venidos de El Escorial, como todos los años, esta vez acompañados de unos amigos gallegos, Juana, Lilo y un joven con vocación de buen  gurú, que no me dijo su nombre); Antonia Sánchez Leiva y su esposo José Manuel Segado (grandes amigos siempre presentes); María Bello,  Gisela, María del Carmen, Montse… y otros muy buenos lectores que se me acercaron pero de los que ahora no recuerdo sus nombres. 

 

    3. La vida sigue y se renueva... porque va del símbolo de la mariposa monarca. Esta mañana pude asistir, en mi jardín, a algo hermoso e insólito (al menos por mi parte), pero que hemos usado hasta la saciedad en los juegos metafóricos de las crisálidas: los huevos minúsculos, amarillos, en este caso las esclepias, la enorme oruga o en su tiempo de larva, la crisálida con el nacimiento de un nuevo ser en forma de mariposa y el olvido del cascarón corporal seco, espartoso… Es decir, en este caso, la transformación de la gran migratoria mariposa monarca, hoy aún larva a lo que será mariposa bella como un vitral. No deja de ser extraño que no estemos en primavera o verano, pero ellas creo que atenderán solo al buen tiempo canario y seguro que en quince días más estarán por aquí revoloteando y alegrando nuestras vistas con sus bellas alas doradas y negras.

 

     4. Esta noche, los Reyes Magos... A esta altura prefiero más regalar, quizá  por aquello de que todo lo que se da, te vuelve duplicado. Sigo con la corrección final de mi nueva novela, Sin comienzo ni final (como definía al Tao el gran Lao Tzé). 

 

 

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Sencillez

 

      © Alberto Omar Walls

 

 

     Sobre el regio flamboyán que pierde sus hojas, se posa un exótico pajarillo multicolor. El hombre, al percatarse de su inusitada presencia, piensa que seguro se escapó de alguna jaula de las casas vecinas. Canta, y hace una delicia de sentidos la mañana. Le ha roto el silencio interior, pero, arrebatado de misticismo, le aplaude.

      El pajarillo se va.

      Así debería ser la auténtica humildad, que huye ante cualquier tipo de halago.

 

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Ningún hikikomori quiere crecer

 

 

© Alberto Omar Walls

 

 En una de las sociedades más modernas de hoy, Japón, conviven en soledad perpetua uno de cada diez jóvenes, alcanzando a más de un millón: se trata del fenómeno hikikomori. Esa extrema contradicción se produce porque han cambiado por completo las formas de relación familiar y social. Y sabemos que no se da sólo ese caso de aislamiento en el Oriente de la economía a escala, porque en nuestro país ya hay muchos jóvenes que se niegan a salir de la habitación.

 

Habrá que recrear un nuevo humanismo, porque las cosas como van no parecen ir nada bien. No me pregunten, no sé qué humanismo necesitaríamos, porque solo de la comunicación a través del Amor, y no conozco otro modelo; ahora sólo pretendo hablar en alta voz al amigo que me lea ahora para comunicarle una extrañeza, una desazón, porque, si hay algo cierto, es que esos jóvenes enclaustrados están denunciando a gritos a esta sociedad…

 

O quizá habría que ponerle a algún perro viejo un nuevo collar, o destruirlo todo para comenzar de nuevo. A pesar de los intentos destructivos, de todas formas seremos arqueología de estudio para los futuros pobladores de este planeta incansable.

 

A nadie se le oculta ya que un desasosiego sórdido recorre los territorios urbanos de la actual sociedad, y que hay una paloma sin paz muy enfadada, terrible y pragmática, que busca venganza.

 

Muchos jóvenes sienten sobre sus cabezas el peso de esa sombra alargada de la paloma sin paz, y se les ensombrece la vida, si la rabia contenida de la buchona les orada las circunvoluciones cerebrales o les inocula el mensaje depresivo de una existencia inútil.

 

Se ha producido un cambio en los últimos años con el tamaño de las familias, el de la relación de los padres con sus hijos y el tortuoso camino de sus independencias sociales. Recuerdo otras épocas insulares donde el primogénito era quien abría primero la puerta de la calle y se iba a buscar nueva vida por el anchuroso y ajeno mundo. Nada optimista, pero sí contenido en los orgullos y muy peleón. Luego, si en extraña tierra se estabilizaba, mandaba a buscar a los hermanos, la mujer e hijos. Era tónica general hacerse de profesión emigrante y, aunque el olvido venía a ser el riesgo que se corría, normalmente el primogénito tiraba de los familiares como el hurón de los escondidos conejos. La isla fue durante mucho tiempo una madriguera para el olvido y la miseria. Por eso se emigraba y la vida contumaz los expulsaba a fuera con la rapidez de un dvd del ordenador.

 

Me marché pronto, pero volví. Es cierto que todo riesgo contiene arrecifes ocultos bajo el inconsciente (¿la sombra?), sólo es cuestión de ver las consecuencias de nuestros desplantes a la vida. ¿Relación de causas y efectos?, ¡tamaño trabajo otear en el futuro, que ni imaginas, las consecuencias del día a día, pero la física cuántica nos dice hoy que ya puedes escoger el mejor de los futuros posibles! De uno depende ser observador consciente y saber intervenir en nuestro devenir; vamos, adelantarse al futuro. Hace muchos años me escribía con el maestro Ernesto Sábato (antes que gran escritor fue físico en París, donde se relacionó con el surrealismo), y una vez le conté que yo creía en la memoria del futuro. Esa idea era para mí una intuición, pero él se la tomó muy en serio, y en una carta me pidió que le explicara mi posición al respecto, que ahondara en la cuestión. Que mi intuición iba en serio lo sé ahora, pues a partir de la física cuántica empezamos a otear en esas posibilidades.

 

Muchos se arriesgaron con las consecuencias a lo largo de años en el gran esfuerzo de buscar mejoría social. Millones de jóvenes atravesaron el anchuroso, ventoso e inhóspito océano Atlántico, como si ellos fueran los descubridores de una nueva tierra, que de tan vieja no los permitió volver jamás. A mi madre se le perdieron sus ancestros femenimos en tierras o aguas americanas, porque nunca volvió a saber nada de la bisabuela Petra. Cuenta en su hermoso libro, Mariposas de papel, que se creyó durante tiempo que un viaje a Puerto Rico perdió la vida, en medio de un huracán, junto a dos de sus hijitos.

 

Porque a las islas no se vuelve, salvo en algunas excepciones donde el amor filial se acomoda con los años. Si estás cerca, vienes de vacaciones; si estuvieras muy lejos, preferirás morirte y que lo hagan tus descendientes. La carne emigrante del primogénito canario era de fibra correosa. Prefería quemar las naves para no mirar hacia atrás. Cuando decidía salir, con la parsimonia y determinación de un suicida, el panorama de la nueva vida se le presentaba incitándolo a la acción. Era un proyecto que su mirada diseñaba como un esperanzado edén de holgura y abundancia. Se iban sin ostentar la morriña del gallego, ni los orgullos del vasco o catalán, quizá con el desafecto áspero del extremeño. Aunque, sí,  algunos volvieron...

 

Aconsejó el gran Goethe, escritor, pensador y director teatral, que había que darle a la vida lo que la vida nos exigía. Pero eso era en otras épocas, cuando se creía que la vida estaba formada por un territorio que había que conquistar con las monedas intangibles que una mano invisible nos depositó en los pliegues del primer pañal al nacer. ¿Pero cuál es el orden que habría de seguirse en las satisfacciones en este batiburrillo tribal, oligopólico, donde los valores esenciales están mercantilizados y la mentira y doblez es moneda de cambio y andan mezcladas?

 

No es nueva la necesidad de adoptar el lema de la negación como expresión cultural. Muchos movimientos sociales, culturales, artísticos, se han dado las manos teniendo la nada como protagonista: el dadaísmo de Praga fue uno de los más representativos, y resultó ser luego padre putativo del surrealismo parisino que se extendió por todo el mundo. Igual que el nadaísmo de Medellín de los años sesenta (movimiento que conoció Yamil), de carácter hondamente nihilista, pero rebelde y contestatario contra las instituciones sociales y el estatus quo. Y los seguidores de la generación beat volverían a beber de las mismas fuentes de las vanguardias históricas.

 

Pero volvamos a nuestra idea de hoy, cuando se da la situación terrible de que a Peter Pan le importa ya poco crecer o no, pues paraliza sus posibilidades de comunicación y tanto se distancia de los demás que casi muere en vida…, encerrado en un cuarto de cuatro por cuatro.

 

Son los hikikomori del Japón moderno unos jóvenes especiales que se aíslan voluntariamente del mundo y se quedan a vivir en una habitación de la casa paterna, donde apenas se relacionan con nadie. Encerrados en un cuarto como si esperaran que el aburrimiento los barriera de la vida. Así dejan pasar las horas con la única compañía de los muchos artilugios electrónicos que la industria del ocio ha creado para ellos. No esperan nada ni a nadie, y están dejándose morir con la misma parsimonia que una cajetilla de tabaco vacía tirada en el asfalto espera moverse para cuando un mal viento peregrino barra las solitarias calles al amanecer...

 

Es su manera tan especial de protestar. Sin ira, sin rabia, sin apenas hacerse notar, simplemente maldiciendo, con su silencio y distanciamiento el momento en que sus progenitores los trajeron a este conflictivo mundo contradictorio y autodestructivo.

 

¿Pero volverán a nacer?, ¿o se los tragará la Nada cósmica por no haber aprovechado la oportunidad de esta vida? Aunque hay más preguntas, no obstante, estas dos son las últimas: ¿cada acto es un designio que hay que cumplir, dictado desde las sombras?, ¿no existe el tan cacareado libre albedrío?

 

 

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