MADRE EN EL RECUERDO: LA SUPERACIÓN DEL TIEMPO

amparo walls hernández empezó a publicar a los 94 años

escribió sobre el santa cruz de los años 20 del siglo xx

 

            Hace diez años, siendo siete de enero, minutos antes de las doce de la noche, a falta de tres meses para cumplir los 97 años  de edad, fallecía en Santa Cruz Amparo Walls Hernández. Quizá la noticia del óbito de nuestra madre podría pasar casi desapercibida, como la de muchos ancianos víctimas de una neumonía, si no se dieran en ella una cuestión sustancial: que era la autora tardía de dos bellísimos libros titulados Mariposas de papel y Párrafos de la memoria

 

            Ella misma escribió que fue a partir de los noventa años, cuando tenía ya mucho tiempo para pensar y recordar, cuando se decidió a escribir. Quizá como les ocurre a todas las personas mayores que van perdiendo las fuerzas físicas necesarias para ocuparse de los quehaceres cotidianos; pero en su caso, como conservaba intactas tanto la lucidez mental como la memoria, por eso decidió editar sus memorias juveniles, donde el ya olvidado Santa Cruz de Tenerife de los años veinte y treinta del siglo pasado cobraba un protagonismo esencial.

 

Afirmaba que escribía para experimentar muchas sensaciones dormidas, y, desde luego, para darle movimiento al cerebro y la voluntad de vivir. Pero sobre todo para regalar a sus hijos, nietos, bisnietos y a los lectores anónimos del futuro tinerfeño los múltiples ramilletes de aromas del pasado que aún revoloteaban en su memoria. Sus relatos del antiguo Santa Cruz contienen un aire fresco de humanidad que nos conmueve por su gran sencillez y naturalidad. También pretendía con sus escritos atraer al presente los sabores y olores de otras épocas que nos permiten recuperar la ternura que aún late y parpadea en nuestro interior, haciendo resurgir el familiar y entrañable tesoro de viejas ideas y profundas ilusiones.

 

Amparo Walls Hernández, quien nació en el santacrucero barrio de El Cabo el uno de abril de mil novecientos catorce, fue bautizada en Nuestra Señora de la Concepción, siendo la benjamina de seis hermanos, por lo que fue querida y mimada por toda la familia. Recuerda su infancia en su primer libro, Mariposas de papel, como un tiempo feliz, junto a una madre canaria muy creativa, como ella aficionada a la música y el canto, y a su padre, andaluz de bigotes hirsutos, severo pero con gran humor, muy tierno y cariñoso para con sus hijos. Amparo Walls Hernández, además de gestar, parir y criar a seis hijos, y ser una ama de casa con todas las consecuencias, siempre ayudó a su esposo, Sulaimán Omar Zarruk, en el comercio de la Rambla Pulido y, como fuera Aries, y su signo tiene mucho que ver con el fuego, esta mujer ejemplar, que hasta el final seguía tocando el piano, logró trasmitir a sus hijos la pasión por el arte.

 

            El escritor Pablo Martín Carbajal afirmó en la prensa que "esta autora narra desde la felicidad, y que su ejercicio de haber escrito o grabado sus recuerdos es un regalo único e inmejorable, una manera de mostrarnos que si estamos aquí es por algo, que nosotros empezamos mucho antes de nosotros mismos, y que si somos lo que somos es porque hay otras personas que son lo que son, o que fueron lo que fueron, y es esa herencia la que nos da sentido, y la que nos enseña a valorar su incuantificable legado."

 

            Muchos han sido sus lectores y todos ellos han quedado cautivados por la extrema sencillez y naturalidad de sus escritos, además de valorar la exquisita sensibilidad que la autora desplegó a la hora de levantar acta de algunos lugares de las calles y barrios de nuestro casi olvidado Santa Cruz. Como ella decía, escribo para no olvidar y para que mis descendientes me recuerden.

 

            En el Día de la Madre tan señalado, y en estas fechas especiales que convivimos al máximo con nosotros mismos las 24 horas del día, lanzo un reto a los hijos de los mayores para que hagan de sus vidas un testimonio permanente a través de la escritura. Porque mucho tienen que decir y testimoniar dejando constancia de sus experiencias, vivencias, felices algunas y no tanto otras, pero que forman un conjunto histórico de nuestra identidad humana del pueblo canario.

            - 

 

 

 

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¡Feliz Día mundial del libro y del derecho de autor!

 

      Sea como sea, y aunque estemos en confinamiento, gracias al Covid19, hay ciertas celebraciones que siempre hay que recordar y aplicar. Esta de hoy es una de ellas: la celebración de la permanencia del libro (y sus autores, claro está). La tradición es que con este día en el mundo entero, la UNESCO pretende fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. ¿Y por qué esta fecha en concreto?

 

El 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. También en un 23 de abril nacieron o murieron otros escritores eminentes como Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla o Manuel Mejía Vallejo. Por ese motivo, esta fecha tan simbólica para la literatura universal fue la escogida por la Conferencia General de la UNESCO para rendir un homenaje mundial al libro y sus autores, y alentar a todos, en particular a los más jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y respetar la irreemplazable contribución de los creadores al progreso social y cultural. La idea de esta celebración partió de Cataluña (¡España!), donde este día es tradicional regalar una rosa al comprador de un libro. A ver cómo se regala una rosa virtual a los compradores on line..., pero esa es otra cuestión. Lo importante es que podamos seguir leyendo y comprando libros.

 

 

El éxito de esta iniciativa depende fundamentalmente del apoyo que reciba de los medios interesados (autores, editores, libreros, educadores y bibliotecarios, entidades públicas y privadas, organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación), movilizados en cada país por conducto de las Comisiones Nacionales para la UNESCO, las asociaciones, los centros y clubes UNESCO, las redes de escuelas y bibliotecas asociadas y cuantos se sientan motivados para participar en esta fiesta mundial.

 

Y podemos celebrarlo leyendo un libro de ahora mismo: un poema, un relato, una novela, una obra de teatro de quien nos apetezca y tengamos en nuestra biblioteca. O si no hay libros a nuestro lado, recordemos uno de aquellos viejos cuentos de la infancia que el abuelo nos contara cuando pequeñitos; y digámoslo en voz alta...

 

Aquí les dejo una foto testimonio de unos autores que me interesan mucho.

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TE QUIERO

               Luis Cernuda es uno de los poetas más significativos de nuestra literatura. Sus libros así lo avalan: Perfil del aire, Égloga, Elegía, Oda, Un río, un amor, Los placeres prohibidos, Donde habite el olvido, Invocaciones a las gracias del mundo, La realidad y el deseo, Las nubes, Como quien espera el alba, Vivir sin estar viviendo, Con las horas contadas, Desolación de la Quimera.

 

            El poema de Cernuda, Te quiero, que aquí escucharás en la voz de Alberto Omar Walls, de fondo el sonido de un cuenco tibetano, muestra al poeta de un permanente canto a la libertad, del rompimiento de las normas rígidas de la sociedad burguesa que le tocó vivir, de los deseos, y del amor sin límites. Este poema, sin tiempo, tan necesario hoy día, me recuerda a otro gran poeta del siglo XVII, Francisco de Quevedo, en un soneto magistral que testimonia un Amor constante más allá de la muerte: (...) Alma a quien todo un dios prisión ha sido,/venas que humor a tanto fuego han dado,/medulas que han gloriosamente ardido,/su cuerpo dejará, no su cuidado;/serán ceniza, mas tendrá sentido;/ polvo serán, mas polvo enamorado.

 

         Puedo afirmar que Cernuda es uno de los poetas españoles más importantes de los últimos tiempos, y ocupará siempre un espacio de excepción en mis relecturas. Tiene el don de hacerse veraz fortuna creativa, un místico hallazgo para la sensibilidad.  Y este es el poema, por si quieres recitarlo conmigo:

Te quiero.

 

Te lo he dicho con el viento,

jugueteando como animalillo en la arena

o iracundo como órgano impetuoso;

 

Te lo he dicho con el sol,

que dora desnudos cuerpos juveniles

y sonríe en todas las cosas inocentes;

 

Te lo he dicho con las nubes,

frentes melancólicas que sostienen el cielo,

tristezas fugitivas;

 

Te lo he dicho con las plantas,

leves criaturas transparentes

que se cubren de rubor repentino;

 

Te lo he dicho con el agua,

vida luminosa que vela un fondo de sombra;

te lo he dicho con el miedo,

te lo he dicho con la alegría,

con el hastío, con las terribles palabras.

 

Pero así no me basta:

más allá de la vida,

quiero decírtelo con la muerte;

más allá del amor,

 

quiero decírtelo con el olvido.

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Sobre el sentido oculto de lo que nos ocurre y las escrituras en el cielo

© Alberto Omar Walls

 

         Pudiera ser un scherzo, o un conjunto de fractales con información aparentemente silenciosa,  insonora. Pero sabemos que en el cielo, nuestro llamado cielo que no es otra cosa que la atmósfera que tanto nos protege como nos limita, a cada rato se inscriben y componen partituras cuyos significados tonales desconocemos.

              A veces quiero interpretar sus significados cromáticos, pero, al caer definitivamente la tarde, pronto se desvanecen y me quedo solo con la tenue figura al fondo del Teide. No ha habido tiempo de descifrar nada, porque las nubes están en continuo movimiento (y porque tampoco sé de su caligrafía cósmica). Por eso uso la cámara, pero lo terrible y hermoso, de la fotografía, es que detiene el significado grupal que estuvo en movimiento. Y aunque utilizara el vídeo, sé que cuando lo revisara no habrá comunión posible para sentir el momento presente, como espectador y vivenciador de la experiencia. Solo quedará la reconstrucción de algo que no existe sino en el pasado.

          Por eso, entre otras cosas, vendría muy bien que ya hubiese aceptado, la sesuda comunidad científica, ¡por lo menos!, las existencias no solo de protones y neutrones, o sus partículas más pequeña, los quarks, esos múltiples e ínfimos seres supuestamente indivisibles, como el neutrino o los leptones (electrones, muones o tauones...) que son los elementos fundamentales de la materia visible y los más pequeños que los científicos han logrado identificar. Claro, que la materia oscura y la energía oscura son las grandes incógnitas que tenemos por conocer y que está ahí fuera, en el cosmos, en un altísimo porcentaje. Quizá, ¿por qué no?, cuando se descubra su inteligencia interior, su lenguaje, su estructura semántica, ¡vamos su diccionario léxico!, podremos conocer muchísimo más de para qué, ¡hoy!, se produce lo que estamos viviendo. En el caso de la materia oscura, habrá que esperar al 31 de octubre próximo, para que en su encuentro internacional sobre el asunto los científicos nos vuelvan a decir que aún saben muy poco. Qué lentos van…

 

          Sé que esos lindos cuadros de pinceladas exquisitas a lo Zóbel que se pintan en el cielo, con sus significados atmosféricos, los registran los conocedores de esas repeticiones fractales, porque son supuestamente predecibles; por eso busco otras similitudes y juegos numéricos, o figuras etéricas con valores tanto causal, mental como búdico. O multidimensional, que para el caso me resultan más sugerentes.

           Porque todo lo que nos rodea, ¡HOY y siempre!, tiene significado... ¡Pero hay que hallar las claves que lo interpreten!

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Segismundo, en el Día Mundial del Teatro

       Aquí va mi homenaje al Día Mundial del Teatro, con motivo de este encierro físico que nos hace replantearnos a todos nuestras libertades.

 

       Representado en un personaje de la literatura dramática española del mejor Siglo de Oro, Segismundo, que con tanto acierto el gran Pedro Calderón de la Barca dejó consignado para los siglos venideros en su obra teatral La vida es sueño.             

       Como es lógico, ya que no podía salir a un estudio, lo grabé con mi propia voz utilizando el micrófono del móvil y, para darle un poquito de resonancia, metí el teléfono en una cacharra de lata de galletas vacía.

 

      Por eso, ahora, adjunto el Monólogo primero del personaje Segismundo de La vida es sueño de don Pedro Calderón de la Barca, como un sencillo homenaje a nuestra cuarentena en la que nos hallamos privados de las libertad para salvar las vidas propias y las de nuestros semejantes.

 

     Un fuerte abrazo a todos, y que ¡viva por siempre el teatro!, Alberto Omar Walls.

 

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MADRE EN EL RECUERDO: LA SUPERACIÓN DEL TIEMPO

amparo walls hernández empezó a publicar a los 94 años

escribió sobre el santa cruz de los años 20 del siglo xx

 

            Hace diez años, siendo siete de enero, minutos antes de las doce de la noche, a falta de tres meses para cumplir los 97 años  de edad, fallecía en Santa Cruz Amparo Walls Hernández. Quizá la noticia del óbito de nuestra madre podría pasar casi desapercibida, como la de muchos ancianos víctimas de una neumonía, si no se dieran en ella una cuestión sustancial: que era la autora tardía de dos bellísimos libros titulados Mariposas de papel y Párrafos de la memoria

 

            Ella misma escribió que fue a partir de los noventa años, cuando tenía ya mucho tiempo para pensar y recordar, cuando se decidió a escribir. Quizá como les ocurre a todas las personas mayores que van perdiendo las fuerzas físicas necesarias para ocuparse de los quehaceres cotidianos; pero en su caso, como conservaba intactas tanto la lucidez mental como la memoria, por eso decidió editar sus memorias juveniles, donde el ya olvidado Santa Cruz de Tenerife de los años veinte y treinta del siglo pasado cobraba un protagonismo esencial.

 

Afirmaba que escribía para experimentar muchas sensaciones dormidas, y, desde luego, para darle movimiento al cerebro y la voluntad de vivir. Pero sobre todo para regalar a sus hijos, nietos, bisnietos y a los lectores anónimos del futuro tinerfeño los múltiples ramilletes de aromas del pasado que aún revoloteaban en su memoria. Sus relatos del antiguo Santa Cruz contienen un aire fresco de humanidad que nos conmueve por su gran sencillez y naturalidad. También pretendía con sus escritos atraer al presente los sabores y olores de otras épocas que nos permiten recuperar la ternura que aún late y parpadea en nuestro interior, haciendo resurgir el familiar y entrañable tesoro de viejas ideas y profundas ilusiones.

 

Amparo Walls Hernández, quien nació en el santacrucero barrio de El Cabo el uno de abril de mil novecientos catorce, fue bautizada en Nuestra Señora de la Concepción, siendo la benjamina de seis hermanos, por lo que fue querida y mimada por toda la familia. Recuerda su infancia en su primer libro, Mariposas de papel, como un tiempo feliz, junto a una madre canaria muy creativa, como ella aficionada a la música y el canto, y a su padre, andaluz de bigotes hirsutos, severo pero con gran humor, muy tierno y cariñoso para con sus hijos. Amparo Walls Hernández, además de gestar, parir y criar a seis hijos, y ser una ama de casa con todas las consecuencias, siempre ayudó a su esposo, Sulaimán Omar Zarruk, en el comercio de la Rambla Pulido y, como fuera Aries, y su signo tiene mucho que ver con el fuego, esta mujer ejemplar, que hasta el final seguía tocando el piano, logró trasmitir a sus hijos la pasión por el arte.

 

            El escritor Pablo Martín Carbajal afirmó en la prensa que "esta autora narra desde la felicidad, y que su ejercicio de haber escrito o grabado sus recuerdos es un regalo único e inmejorable, una manera de mostrarnos que si estamos aquí es por algo, que nosotros empezamos mucho antes de nosotros mismos, y que si somos lo que somos es porque hay otras personas que son lo que son, o que fueron lo que fueron, y es esa herencia la que nos da sentido, y la que nos enseña a valorar su incuantificable legado."

 

            Muchos han sido sus lectores y todos ellos han quedado cautivados por la extrema sencillez y naturalidad de sus escritos, además de valorar la exquisita sensibilidad que la autora desplegó a la hora de levantar acta de algunos lugares de las calles y barrios de nuestro casi olvidado Santa Cruz. Como ella decía, escribo para no olvidar y para que mis descendientes me recuerden.

 

            En el Día de la Madre tan señalado, y en estas fechas especiales que convivimos al máximo con nosotros mismos las 24 horas del día, lanzo un reto a los hijos de los mayores para que hagan de sus vidas un testimonio permanente a través de la escritura. Porque mucho tienen que decir y testimoniar dejando constancia de sus experiencias, vivencias, felices algunas y no tanto otras, pero que forman un conjunto histórico de nuestra identidad humana del pueblo canario.

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¡Feliz Día mundial del libro y del derecho de autor!

 

      Sea como sea, y aunque estemos en confinamiento, gracias al Covid19, hay ciertas celebraciones que siempre hay que recordar y aplicar. Esta de hoy es una de ellas: la celebración de la permanencia del libro (y sus autores, claro está). La tradición es que con este día en el mundo entero, la UNESCO pretende fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. ¿Y por qué esta fecha en concreto?

 

El 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. También en un 23 de abril nacieron o murieron otros escritores eminentes como Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla o Manuel Mejía Vallejo. Por ese motivo, esta fecha tan simbólica para la literatura universal fue la escogida por la Conferencia General de la UNESCO para rendir un homenaje mundial al libro y sus autores, y alentar a todos, en particular a los más jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y respetar la irreemplazable contribución de los creadores al progreso social y cultural. La idea de esta celebración partió de Cataluña (¡España!), donde este día es tradicional regalar una rosa al comprador de un libro. A ver cómo se regala una rosa virtual a los compradores on line..., pero esa es otra cuestión. Lo importante es que podamos seguir leyendo y comprando libros.

 

 

El éxito de esta iniciativa depende fundamentalmente del apoyo que reciba de los medios interesados (autores, editores, libreros, educadores y bibliotecarios, entidades públicas y privadas, organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación), movilizados en cada país por conducto de las Comisiones Nacionales para la UNESCO, las asociaciones, los centros y clubes UNESCO, las redes de escuelas y bibliotecas asociadas y cuantos se sientan motivados para participar en esta fiesta mundial.

 

Y podemos celebrarlo leyendo un libro de ahora mismo: un poema, un relato, una novela, una obra de teatro de quien nos apetezca y tengamos en nuestra biblioteca. O si no hay libros a nuestro lado, recordemos uno de aquellos viejos cuentos de la infancia que el abuelo nos contara cuando pequeñitos; y digámoslo en voz alta...

 

Aquí les dejo una foto testimonio de unos autores que me interesan mucho.

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TE QUIERO

               Luis Cernuda es uno de los poetas más significativos de nuestra literatura. Sus libros así lo avalan: Perfil del aire, Égloga, Elegía, Oda, Un río, un amor, Los placeres prohibidos, Donde habite el olvido, Invocaciones a las gracias del mundo, La realidad y el deseo, Las nubes, Como quien espera el alba, Vivir sin estar viviendo, Con las horas contadas, Desolación de la Quimera.

 

            El poema de Cernuda, Te quiero, que aquí escucharás en la voz de Alberto Omar Walls, de fondo el sonido de un cuenco tibetano, muestra al poeta de un permanente canto a la libertad, del rompimiento de las normas rígidas de la sociedad burguesa que le tocó vivir, de los deseos, y del amor sin límites. Este poema, sin tiempo, tan necesario hoy día, me recuerda a otro gran poeta del siglo XVII, Francisco de Quevedo, en un soneto magistral que testimonia un Amor constante más allá de la muerte: (...) Alma a quien todo un dios prisión ha sido,/venas que humor a tanto fuego han dado,/medulas que han gloriosamente ardido,/su cuerpo dejará, no su cuidado;/serán ceniza, mas tendrá sentido;/ polvo serán, mas polvo enamorado.

 

         Puedo afirmar que Cernuda es uno de los poetas españoles más importantes de los últimos tiempos, y ocupará siempre un espacio de excepción en mis relecturas. Tiene el don de hacerse veraz fortuna creativa, un místico hallazgo para la sensibilidad.  Y este es el poema, por si quieres recitarlo conmigo:

Te quiero.

 

Te lo he dicho con el viento,

jugueteando como animalillo en la arena

o iracundo como órgano impetuoso;

 

Te lo he dicho con el sol,

que dora desnudos cuerpos juveniles

y sonríe en todas las cosas inocentes;

 

Te lo he dicho con las nubes,

frentes melancólicas que sostienen el cielo,

tristezas fugitivas;

 

Te lo he dicho con las plantas,

leves criaturas transparentes

que se cubren de rubor repentino;

 

Te lo he dicho con el agua,

vida luminosa que vela un fondo de sombra;

te lo he dicho con el miedo,

te lo he dicho con la alegría,

con el hastío, con las terribles palabras.

 

Pero así no me basta:

más allá de la vida,

quiero decírtelo con la muerte;

más allá del amor,

 

quiero decírtelo con el olvido.

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Sobre el sentido oculto de lo que nos ocurre y las escrituras en el cielo

© Alberto Omar Walls

 

         Pudiera ser un scherzo, o un conjunto de fractales con información aparentemente silenciosa,  insonora. Pero sabemos que en el cielo, nuestro llamado cielo que no es otra cosa que la atmósfera que tanto nos protege como nos limita, a cada rato se inscriben y componen partituras cuyos significados tonales desconocemos.

              A veces quiero interpretar sus significados cromáticos, pero, al caer definitivamente la tarde, pronto se desvanecen y me quedo solo con la tenue figura al fondo del Teide. No ha habido tiempo de descifrar nada, porque las nubes están en continuo movimiento (y porque tampoco sé de su caligrafía cósmica). Por eso uso la cámara, pero lo terrible y hermoso, de la fotografía, es que detiene el significado grupal que estuvo en movimiento. Y aunque utilizara el vídeo, sé que cuando lo revisara no habrá comunión posible para sentir el momento presente, como espectador y vivenciador de la experiencia. Solo quedará la reconstrucción de algo que no existe sino en el pasado.

          Por eso, entre otras cosas, vendría muy bien que ya hubiese aceptado, la sesuda comunidad científica, ¡por lo menos!, las existencias no solo de protones y neutrones, o sus partículas más pequeña, los quarks, esos múltiples e ínfimos seres supuestamente indivisibles, como el neutrino o los leptones (electrones, muones o tauones...) que son los elementos fundamentales de la materia visible y los más pequeños que los científicos han logrado identificar. Claro, que la materia oscura y la energía oscura son las grandes incógnitas que tenemos por conocer y que está ahí fuera, en el cosmos, en un altísimo porcentaje. Quizá, ¿por qué no?, cuando se descubra su inteligencia interior, su lenguaje, su estructura semántica, ¡vamos su diccionario léxico!, podremos conocer muchísimo más de para qué, ¡hoy!, se produce lo que estamos viviendo. En el caso de la materia oscura, habrá que esperar al 31 de octubre próximo, para que en su encuentro internacional sobre el asunto los científicos nos vuelvan a decir que aún saben muy poco. Qué lentos van…

 

          Sé que esos lindos cuadros de pinceladas exquisitas a lo Zóbel que se pintan en el cielo, con sus significados atmosféricos, los registran los conocedores de esas repeticiones fractales, porque son supuestamente predecibles; por eso busco otras similitudes y juegos numéricos, o figuras etéricas con valores tanto causal, mental como búdico. O multidimensional, que para el caso me resultan más sugerentes.

           Porque todo lo que nos rodea, ¡HOY y siempre!, tiene significado... ¡Pero hay que hallar las claves que lo interpreten!

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Segismundo, en el Día Mundial del Teatro

       Aquí va mi homenaje al Día Mundial del Teatro, con motivo de este encierro físico que nos hace replantearnos a todos nuestras libertades.

 

       Representado en un personaje de la literatura dramática española del mejor Siglo de Oro, Segismundo, que con tanto acierto el gran Pedro Calderón de la Barca dejó consignado para los siglos venideros en su obra teatral La vida es sueño.             

       Como es lógico, ya que no podía salir a un estudio, lo grabé con mi propia voz utilizando el micrófono del móvil y, para darle un poquito de resonancia, metí el teléfono en una cacharra de lata de galletas vacía.

 

      Por eso, ahora, adjunto el Monólogo primero del personaje Segismundo de La vida es sueño de don Pedro Calderón de la Barca, como un sencillo homenaje a nuestra cuarentena en la que nos hallamos privados de las libertad para salvar las vidas propias y las de nuestros semejantes.

 

     Un fuerte abrazo a todos, y que ¡viva por siempre el teatro!, Alberto Omar Walls.

 

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TE QUIERO

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Inmortalidades

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"Mariposa de papel", un bello libro de Amparo Walls Hernández quien, tal día como hoy, voló al Otro lado.
"Mariposa de papel", un bello libro de Amparo Walls Hernández quien, tal día como hoy, voló al Otro lado.