¡Feliz Día mundial del libro y del derecho de autor!

 

      Sea como sea, y aunque estemos en confinamiento, gracias al Covid19, hay ciertas celebraciones que siempre hay que recordar y aplicar. Esta de hoy es una de ellas: la celebración de la permanencia del libro (y sus autores, claro está). La tradición es que con este día en el mundo entero, la UNESCO pretende fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. ¿Y por qué esta fecha en concreto?

 

El 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. También en un 23 de abril nacieron o murieron otros escritores eminentes como Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla o Manuel Mejía Vallejo. Por ese motivo, esta fecha tan simbólica para la literatura universal fue la escogida por la Conferencia General de la UNESCO para rendir un homenaje mundial al libro y sus autores, y alentar a todos, en particular a los más jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y respetar la irreemplazable contribución de los creadores al progreso social y cultural. La idea de esta celebración partió de Cataluña (¡España!), donde este día es tradicional regalar una rosa al comprador de un libro. A ver cómo se regala una rosa virtual a los compradores on line..., pero esa es otra cuestión. Lo importante es que podamos seguir leyendo y comprando libros.

 

 

El éxito de esta iniciativa depende fundamentalmente del apoyo que reciba de los medios interesados (autores, editores, libreros, educadores y bibliotecarios, entidades públicas y privadas, organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación), movilizados en cada país por conducto de las Comisiones Nacionales para la UNESCO, las asociaciones, los centros y clubes UNESCO, las redes de escuelas y bibliotecas asociadas y cuantos se sientan motivados para participar en esta fiesta mundial.

 

Y podemos celebrarlo leyendo un libro de ahora mismo: un poema, un relato, una novela, una obra de teatro de quien nos apetezca y tengamos en nuestra biblioteca. O si no hay libros a nuestro lado, recordemos uno de aquellos viejos cuentos de la infancia que el abuelo nos contara cuando pequeñitos; y digámoslo en voz alta...

 

Aquí les dejo una foto testimonio de unos autores que me interesan mucho.