Sobre el sentido oculto de lo que nos ocurre y las escrituras en el cielo

© Alberto Omar Walls

 

         Pudiera ser un scherzo, o un conjunto de fractales con información aparentemente silenciosa,  insonora. Pero sabemos que en el cielo, nuestro llamado cielo que no es otra cosa que la atmósfera que tanto nos protege como nos limita, a cada rato se inscriben y componen partituras cuyos significados tonales desconocemos.

              A veces quiero interpretar sus significados cromáticos, pero, al caer definitivamente la tarde, pronto se desvanecen y me quedo solo con la tenue figura al fondo del Teide. No ha habido tiempo de descifrar nada, porque las nubes están en continuo movimiento (y porque tampoco sé de su caligrafía cósmica). Por eso uso la cámara, pero lo terrible y hermoso, de la fotografía, es que detiene el significado grupal que estuvo en movimiento. Y aunque utilizara el vídeo, sé que cuando lo revisara no habrá comunión posible para sentir el momento presente, como espectador y vivenciador de la experiencia. Solo quedará la reconstrucción de algo que no existe sino en el pasado.

          Por eso, entre otras cosas, vendría muy bien que ya hubiese aceptado, la sesuda comunidad científica, ¡por lo menos!, las existencias no solo de protones y neutrones, o sus partículas más pequeña, los quarks, esos múltiples e ínfimos seres supuestamente indivisibles, como el neutrino o los leptones (electrones, muones o tauones...) que son los elementos fundamentales de la materia visible y los más pequeños que los científicos han logrado identificar. Claro, que la materia oscura y la energía oscura son las grandes incógnitas que tenemos por conocer y que está ahí fuera, en el cosmos, en un altísimo porcentaje. Quizá, ¿por qué no?, cuando se descubra su inteligencia interior, su lenguaje, su estructura semántica, ¡vamos su diccionario léxico!, podremos conocer muchísimo más de para qué, ¡hoy!, se produce lo que estamos viviendo. En el caso de la materia oscura, habrá que esperar al 31 de octubre próximo, para que en su encuentro internacional sobre el asunto los científicos nos vuelvan a decir que aún saben muy poco. Qué lentos van…

 

          Sé que esos lindos cuadros de pinceladas exquisitas a lo Zóbel que se pintan en el cielo, con sus significados atmosféricos, los registran los conocedores de esas repeticiones fractales, porque son supuestamente predecibles; por eso busco otras similitudes y juegos numéricos, o figuras etéricas con valores tanto causal, mental como búdico. O multidimensional, que para el caso me resultan más sugerentes.

           Porque todo lo que nos rodea, ¡HOY y siempre!, tiene significado... ¡Pero hay que hallar las claves que lo interpreten!