SUBSANAR UNA VIEJA INJUSTICIA CON LA PRIMERA MUJER QUE PUBLICÓ UN LIBRO EN CANARIAS

 

La semana pasada me concedió la Asociación Tinerfeña de Escritores (ACTE) el Premio Victorina Bridoux y Mazzini de las Letras. Muy poco sabía de esta escritora, solo que pertenecía al romanticismo y que vivió en Tenerife en la segunda mitad del siglo XIX. Por tanto, para llenar mi vacío, indagué algo más, por lo que consulté los estudios de María Rosa Alonso y Yolanda Arencibia, y la información que proporcionaba Covadonga García Fierro. 

 

Más que su propia producción literaria, lógico que fuera escasa y póstuma, me llamaron la atención algunos aspectos de su vida, como su mucha actividad cultural en la ciudad junto a su madre Ángela Mazzini, y su muy temprana muerte, pues apenas con 27 años fue una de las víctimas de la epidemia de fiebre amarilla que asoló la ciudad en 1852.

 

Pero hubo un dato muy significativo que cobraba una dimensión especial para el mundo de la literatura escrita por mujeres, y fue el comprobar que vendría a ser la primera escritora que logró publicar un libro en Canarias. Su libro póstumo, Lágrimas y flores, de corte romántico, abrió la espita intelectual y creativa de muchas mujeres excepcionales que luego vendrían a avalar la alta calidad de la literatura que se escribe y publica en nuestro Archipiélago.

 

Pero la indagación sobre Victorina Bridoux y Mazzini me traería más sorpresas, una de ellas no me ha dejado parar hasta que he visto necesario hacer este llamamiento a quienes les corresponda subsanar una injusticia que lleva ya visos de cumplir 155 años. Y es que la escritora muere el uno de noviembre de 1852, siendo enterrada en el Cementerio de San Roque y San Rafael de Santa Cruz, declarado Bien Cultural, pero sin lápida que la distinguiera, pues ahí solo figura, al parecer, el nombre de su esposo, quien, al enviudar, se marchó a la Península con sus hijos. Es decir, se sabe que está donde aparece el nombre de su esposo, Gregorio Domínguez de Castro, pero del de ella... ¡ni rastro!

 

Y me he empeñado en ayudar a subsanar una injusticia que dura ya muchísimos años, y es que en la lápida de su esposo, figure también su nombre, fecha de nacimiento y defunción, un escrito  o lema que haga alusión a que fue la primera mujer que publicó un libro en Canarias, y, quizá, como colofón uno de sus versos favoritos: ¡YO QUISIERA VOLAR, VOLAR LIGERA! 

 

Pero..., ¡casualidad curiosa!, el citado Cementerio solo se abre al público una vez al año, el 1 de noviembre, el mismo día que hace 155 años fuera enterrada la jovencísima escritora Victorina Bridoux y Mazzini. 

 

¿Qué mejor ocasión para que los responsables de Cultura y Patrimonio (Ayuntamiento o Gobierno), subsanen el olvido histórico homenajeando como es debido a la primera mujer que publicó un libro en Canarias?

 

Dicho queda, Alberto Omar Walls.