"Sin comienzo ni final" de Alberto Omar Walls, su nueva novela

 

 

 

 

 

 

Editada por Editorial Mercurio, con la lectura de la novela Sin comienzo ni final nos encontramos con una producción diferente en la trayectoria creadora de su autor. Si la trama argumental de La sombra y la tortuga, su anterior y más reciente entrega (NACE. 2015), estaba centrada en tiempo y espacios históricos por donde transitan personajes que viven entre el siglo XVII y XVIII, y por tanto aflora  la recreación de un segmento de la historia isleña en el marco del Antiguo Régimen, en esta obra el lector observará pronto que tanto la anécdota como los personajes nos distancian del planteamiento habitual de su narrativa. Porque Alberto Omar Walls se ha atrevido a explorar un mundo que está atravesado por personajes cuyas experiencias de vida están cimentadas en fenómenos paranormales, en dimensiones espaciales y temporales diferentes a la convencional realidad que nos envuelve.

 

El autor no nos coloca en un abismo existencial para luego dejarnos desasistidos, sino que, partiendo desde una realidad cotidiana que se conduce a través de experiencias inusuales, entrelaza la trama con opciones posibles, cuánticas, que hacen visible una expansión de la existencia más allá de nuestra estructurada  cultura occidental.

 

La novela, desde el punto de vista formal, está constituida por 45 capítulos, numerados, que están precedidos casi todos de una cita de autoridad -pensadores de la filosofía oriental, escritores hispanos y científicos de la última hornada de la física cuántica- y que orienta al lector aludiendo al contenido y que, a modo de clave, se significa como un acercamiento reflexivo a lo que se recoge en el propio capítulo. Son fragmentos extra narrativos pero que forman parte del artefacto literario que se ha creado, y que, el autor, a la hora de seleccionarlos, está engarzándolos con el contenido de la obra.

 

Coexisten tres planos en la misma novela, pero al no estar delimitados de una manera formal, constituyen un continuum. Tres planos engarzados imperceptiblemente, sin que lleguemos a considerarlos con el tópico de muñecas rusas. Un primer plano, lo constituye la obra en su globalidad que, partiendo de la realidad nos transporta a la exploración de otros mundos en que  los personajes son portadores de experiencias paranormales. Con ello, el autor trastoca, aparentemente, la visión lineal de la realidad cotidiana: un personaje que atraviesa paredes, otro que es inmorible, algún otro que desdobla su cuerpo, quizá otro que viva en varias dimensiones a la vez…

 

Un segundo plano, lo constituye el que se trata de seres de carne y hueso, con los problemas cotidianos como cualquier persona, desde la incomunicación entre amantes, hasta las luchas y confrontaciones, e imposiciones de caracteres, permitiendo que sea un mundo real en el que el personajes se mueve como cualquier individuo de la calle, con lo que, a pesar de ser un mundo de ficción, le otorga un alto grado de verosimilitud.

 

Y un tercer plano es la narración que algunos personajes realizan de sus experiencias paranormales que afloran a través de la hipnosis, narrando sucesos o cambios espacio-temporales desde sus incursiones a otras reencarnaciones.