Orgón, prana, qí...

 

    Me sigue fascinando la figura del gran hombre de pensamiento y prácticas extremas, el doctor Wilhelm Reich, el creador de la Teoría del Orgón, seguidor de Freud en una primera etapa, pero independiente y revolucionario hasta el final de sus días. Desde que leí en mil novecientos setenta y cuatro una información en la revista El Urogallo sobre su sorprendente teoría sobre la energía que nos rodea, los ascensores de aluminio de los grandes Bancos, herméticos y silenciosos, pero en movimiento, me parecieron en aquel entonces lo más cercano posible a un generador de la energía orgónica [sobre todo después de haberme quedado encerrado dentro de uno de ellos durante eternos minutos con varios señores de corbata y maletín]. Es una imagen de la que no he podido sustraerme. También cuando en Canarias sufríamos dilatadas épocas de sequía, recordaba sus prácticas y experimentos para atraer la lluvia de las nubes.

 

       Los años últimos me han ayudado a comprender que todo es energía, la llames como la llames en un espacio u otro: prana, reiki, orgón o qí, ¿ki? ¿Comprenden ahora el porqué del nombre Rei-ki?

 

     A medida que pasa el tiempo vas comprobando que la orgonía, los orgones u orgonita, y sus efectos sobre la salud, debería estar presente en todo lo que nos rodea, más aún si quieres evitar los desastrosos impactos de los minúsculos y abundantes campos magnéticos que nos rodean en esta nuestra estresada vida diaria: radiaciones perjudiciales que nos conviven y machacan, como son los campos electromagnéticos del cableado eléctrico, los ordenadores, teléfonos por doquier, wi-fi a destajo, antenas de telefonía móvil sobre todos los edificios, o equipos electrónicos metidos hasta en la cama, como el televisor y sus cables, la calefacción, el microondas… Por si tuvieras interés en crearte tu propia orgonita, te recomiendo una de tantas web que hay por ahí que tratan del tema: Despertares. La revolución pacífica.

 

      Hoy traigo a mi web el testimonio de un texto muy curioso e interesante de este libre pensador, Reich, hombre de una inteligencia superior que, como muchos otros a lo largo de siglos, ha entregado su vida a la investigación, la ciencia, el pensamiento y a liberar al Hombre de las ataduras sociales... y, no obstante, como siempre, ha acabado por sucumbir a su peor y casi eterna lacra: el poder omnipresente de los bien pensantes. ¿Para qué darle más vueltas?, ¿qué les ocurrió a Copérnico o Galileo? [Ah, me viene a la mente una magnífica pieza teatral de Bertolt Brecht, titulada, precisamente, Galileo Galilei: ¡una delicia!]

 

      En Wikipedia se extienden en un magnífico informe sobre su vida, sus investigaciones, el impacto y la continuidad de sus teorías y su controvertida personalidad: Mientras que algunos lo califican como uno de los pensadores más ‘lúcidos y revolucionarios’ del siglo XX, cuyos libros fueron quemados; otros aseguran que sus ideas y teorías bien podrían catalogarse como delirios... Les recomiendo tanto la lectura de esa página de Wikipedia como atender a algunos trabajos y enlaces que se aconsejan al final.

 

    Pues aquí va, en pdf, ese sorprendente texto sobre la alienación voluntaria humana que escribiera el genio que sin duda fue Wilhelm Reich, titulado ¡Escucha pequeño hombrecito!

 

      Dadas mis influencias, como en todo escritor, debo recordar de este título a un poema largo del gran poeta Walt Whitman, del que tomé una parte de un verso para titular una de mis primeras obras de teatro [Sé que no son pulgas ni gusanos]. Ese fragmento del poema de Whitman, que se incluyó en la primera edición de 1975 de mi libro, y que en las sucesivas ha desaparecido extrañamente, decía así:

 

Los hombrecillos de cuellos de pajarita y levita,

      que andan a saltos,

Yo sé quiénes son (sé que no son pulgas ni gusanos),

Los reconozco como mis gemelos: el más débil y el más

      superficial es tan inmortal como yo,

Todos los pensamientos que mí se debaten, se debatirán en ellos.

 

 

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