Dios juega y no juega a los dados

    © Alberto Omar Walls

 

    En la conferencia que pronunció Stephen Hawking hace dos días en el festival Starmus de Adeje, habló del colapso cósmico que dio lugar a la creación de las galaxias y las estrellas, resaltando la capacidad de selección de universos para hacerlos compatibles con la vida. Y teniendo en cuenta lo azaroso del cosmos, afirmó que Dios juega a los dados, remedando o contestando la conocida frase de Einstein en que afirmaba lo contrario, o negaba el posible juego de Dios en todo este entramado de tantas cosas existentes. Pues Einstein, queriendo acercar la física al gran público planteó que los humanos y el mundo no somos ajenos a la responsabilidad de un creador, por eso dijo que Dios no juega a los dados.

 

    Me parece interesantísimo este enfrentamiento dialéctico en el tiempo que mantiene Hawking con Einstein, pues es cierto que el individuo de la calle, ajeno e ignorante de la profundidad de los grandes secretos de la ciencia, entiende mejor un mensaje tan simple que nos aclare Quién tenga la responsabilidad en este tinglado. Aunque en verdad ninguno de los dos genios de la matemática y la física se contradice, a lo sumo se complementan, ya que no niegan la existencia del Creador sino que toman posturas distintas donde la mirada del científico se detiene: uno, Einstein, nos advierte de que todo está controlado en el universo; y el otro, Hawking, asevera que el azar es nuestro instrumento de relación con el medio. Pero ambos ponen a Dios muy cerca del hombre, uno para darle confianza, el otro para profundizar en la incertidumbre como método de existir e investigar.

 

    No sé si ustedes han jugado a los dados alguna vez. Yo lo hice muchísimo en mi juventud. Con mi grupo de amigos tuvimos una época en que jugábamos para todo y por todo teniendo un cubilete entre las manos. Había múltiples maneras de sacudir el cubilete en el aire, con los dados tropezando contra sus paredes de fieltro o cuero, y luego se dejaban caer sobre la mesa o el mostrador del bar, siempre con un golpe seco. Se escuchaba el ruido de los dados chocando unos contra otros y, expectantes, escudriñábamos el comportamiento de los cuadrados blancos al caer en la mesa. A veces, unos dados quedaban encima de otros, y había que volver a tirar; otras, un dado daba vueltas y vueltas hasta que caía mostrando la cara esperada o perdedora. Sí que era un verdadero juego de azar, pero… había formas y maneras de jugar. Hasta tal punto que dependiendo de los geitos dados al cubilete con el giro de la muñeca de la mano, salían unos números u otros. Jugábamos a pagar las bebidas que consumíamos, aunque el peor juego de apuesta era aquel que obligaba a quien perdiera a beberse el combinado de la mezcla explosiva de alcohol que previamente alguien malvado ponía sobre el mostrador del bar. Recuerdo que con ese juego me cogí una de las borracheras más grandes de mi vida. Claro está, dejé de jugar… porque el azar tiene sus consecuencias.

 

     Yo solo soy un escritor, a lo sumo un filósofo de la vida, que es como se acaba siendo en esto, pero sé que a lo largo de la historia de la física todos los investigadores han insistido en querer encontrar un territorio teórico que aglutine los hallazgos físicos que justifiquen cómo funciona este universo. Por eso me interesan tanto sus trabajos de indagación. Maravilloso empeño de la ciencia en saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, porque la Filosofía ha dejado de dar respuestas al ser humano. Y, sobre todo, el empeño de reconocer qué elementos o fuerzas ocultas nos dan la razón física de existir en nuestro planeta Tierra. Para ellos, este empeño común trata de la idea o teoría de la gran unificación, por ahora conjugada entre dos grandes leyes cósmicas o fuerzas: la gravitatoria y la electro-magneto-fuerte-débil. De acuerdo con la teoría de cuerdas, son las partículas que siguiendo sus propios ritmos vivenciales portan las tres fuerzas: el fotón del electromagnetismo, el gluón de la fuerza nuclear fuerte, y los famosos bosones w/z de la fuerza nuclear débil. Por ejemplo, la mayor parte de versiones de la teoría de cuerdas requiere que el universo tenga unas once dimensiones, diez espaciales y una temporal, y no sólo nuestras tres espaciales que conocemos, más el tiempo con el pasado y el futuro (porque el presente es donde vivimos). Se sostiene que las fuerzas se unifican en once dimensiones pero se dividen cuando pasan a nuestras cuatro dimensiones. ¿Y cómo lo hacen? Ah, otra incógnita más…

 

    De siempre se ha dicho por parte de los filósofos orientales que aunque las leyes de la convivencia de los humanos sean muchas, las verdaderas leyes de los cielos son muy pocas y sencillas; y parece que ese es el esfuerzo en el que se meten últimamente los físicos, para encontrar un conjunto de leyes simples que describan el universo o cosmos. Aunque el término cosmos utilizado por Pitágoras se define como un sistema que se rige no por las leyes humanas o sobrenaturales, se refiere a los objetos que existen naturalmente, a aquellos que pueden ser vistos en el cielo. Cosmos también se llega a utilizar como sinónimo de universo; pero en realidad se define el universo como todo lo que engloba a la materia y la energía, el espacio, el tiempo y el vacío (aunque no lo sepan aún, estoy seguro que es energético y vibracional), por supuesto no sólo la tierra, sino también los millones de sistemas solares, galaxias y estrellas… Desde esa perspectiva, quizá en realidad la ciencia actual está empezando a estudiar el universo como tal: viéndolo como todo aquello que existió, existe y existirá.

 

     Lógicamente, Hawking ha de insistir en la más reciente física cuántica, siendo fiel a sus parámetros de búsqueda, y mantiene el principio de incertidumbre. Aspecto que no le era muy caro a Albert Einstein, que no creía fácil unificar la física cuántica con la teoría de la relatividad general, no aceptando el concepto de incertidumbre en medio de un supuesto mundo caótico. Aunque lo de mundo caótico no deja ya, a estas alturas, de ser una simple frase sin sentido, porque, para empezar, no hay un solo mundo, y el caos no sería unitario, es decir no iría en una única dirección, sino que se volvería a recrear lo destruido, y, en cualquier caso, me pregunto: ¿y si el caos fuera y es parte del orden general visto desde una perspectiva distante? Nos hemos empeñado en ver las cosas como elementos que están ahí fuera, cuando en verdad ellas y nosotros formamos parte de la Unidad. Y otras preguntas: ¿por qué los físicos cuánticos no estudian en profundidad el tiempo como una variante decisiva que haría cambiar los puntos de vista?; ya que vivimos en un universo temporal en una sola dirección, ¿qué pasaría si lo miráramos pudiendo cambiarlo? Aunque el vivir en un tiempo lineal nos obliga a afinar la Conciencia, porque no podemos volvernos atrás para cambiar nuestros actos, a lo sumo lo hacemos mentalmente en hipnosis o regresiones para cambiar nuestras emociones enquistadas en relación con nuestros actos, pero los actos mismos no se cambiarán jamás. ¿Tendrá que ver algo el libre albedrío y la responsabilidad de sí, o conciencia individual, con el tiempo lineal, irreversible e irrevocable?

 

   Ya sabemos que teóricamente no podemos hablar de un universo, sino de multiversos. Y no sabemos si los físicos cuánticos han contemplado ya la existencia de los universos coexistentes con el nuestro que jueguen o interactúen desde unos parámetros vibracionales distintos al de nuestra materia física. Me refiero a la entrada y salida en esas otras dimensiones que ya nos apuntan. Por supuesto que nuestra ley o fuerza de la gravitación es irrevocable en nuestro actual nivel vibracional, ¿pero qué ocurriría si las vibraciones de nuestras materias alcanzaran unas altas cotas más sensibles y sutiles? Porque sabemos que nada en el universo está quieto, todo se mueve, todo vibra y, se acepten o no los agujeros negros, tampoco serían espacios vacíos como entendemos el vacío de una vasija; sino algo vivo y en movimiento. Todo en el universo, o en los universos, está en vibración y nada permanece inmóvil. Se dice que el llamado Espíritu representa el extremo de las vibraciones más rápidas de altísimas frecuencias, y tan elevadas que pareciera estar en reposo, frente a las vibraciones de la materia más burda, mucho más densa. Para entendernos en este contexto: el espíritu podría ser lo que otros llaman tanto el polvo cósmico como la red compuesta por la energía oscura y la materia oscura. Sabiendo del polvo cósmico que lo compone no solo los átomos de helio y átomos o moléculas de hidrógeno, sino también elementos tan afines a lo que conocemos como materia terráquea, así el oxígeno, las moléculas de agua, el carbono, hidrógeno, calcio, sodio, potasio, hierro... Las células, las moléculas, los millones de átomos, los trillones de electrones, protones y neutrones que componen la materia están en una continua vibración y movimiento. Es decir, que si todo vibra, todo está vivo… En el Universo todo vibra en diferentes frecuencias. Se supone que el plano conocido por cuarta dimensión, es ni más ni menos que un estado vibratorio de alta frecuencia.

 

    He insisto en que me resulta sumamente apasionante saber que un hombre paralizado de su cuerpo, Stephen Hawking, que usa su cerebro semejándose al nivel del mejor imaginario cinematográfico anglosajón, nos advierte en Adeje que Dios juega a los dados. Es fantástica la controversia entre los dos grandes físicos en el tiempo, Eistein y Hawking, con más de setenta años de por medio, aunque parezca que con sus afirmaciones nos deja a todos como antes estábamos.

 

     Porque nuestro mínimo sistema solar está formado por el Sol, nueve planetas, una docena de lunas, cientos de cometas, y miles de asteroides; y hay que recordar nuestro rutilante y maravilloso Dios solar es una de las doscientas mil millones de estrellas que hay en la Vía Láctea. Al parecer hoy día se sabe de cuatrocientos cincuenta sistemas solares y se descubren otros nuevos cada año. Dada la cantidad que se ha descubierto, los científicos estiman que puede haber miles de millones de sistemas solares en nuestra galaxia. Recordemos que las galaxias son agrupaciones gigantescas de estrellas, polvo y gas. Ellas juntan hasta un trillón de estrellas y pueden variar en tamaño desde unos pocos miles a varios cientos de miles de años-luz en diámetro. Y hay cientos de billones de galaxias en el Universo. La mayoría de las galaxias tienen un diámetro entre cien y cien mil pársecs y están usualmente separadas por distancias del orden de un millón de pársecs, siendo un pársec una medida de distancia astronómica, imposible de comprender por nuestra cabecita. Pero constatemos que un pársec equivale a 3,26 años-luz y a unos diez billones de km. Y para que nos hagamos una simple idea de estas distancias, sepamos que la estrella más cercana al Sistema Solar, la Próxima Centauri, se encuentra a 4,28 años-luz. Siendo un año-luz la distancia que recorrería un minúsculo fotón en el vacío durante un año juliano de 365,25 días a la velocidad de la luz, 299.792.458 m/s, a una distancia infinita de cualquier campo gravitacional o campo magnético; por lo que un año-luz equivaldría a poco menos de diez trillones de km. La distancia entre el Sol y el centro de la Vía Láctea, la galaxia en que vivimos como orugas hinchadas de miedos sobre la piel de la Tierra, tiene cien mil años-luz de diámetro y diez mil años-luz de espesor.

 

    Es espeluznante y, al mismo tiempo, maravilloso poder jugar a los dados con estas distancias. Lo que también debería hacernos saber que si esas distancias existen es porque hay medio de recorrerlas. ¿Solo la velocidad de la luz nos interesa? ¿Y qué es del famoso neutrino que nos permitiría llegar antes de salir? ¿No les parece que estamos aún al comienzo del comienzo de saber si Dios está jugando o no a los dados? ¿Y alguien se ha preguntado, en el caso de que Hawking, tuviera razón, con cuantos dados juegas? ¿Y con quienes o contra quiénes juega? Bueno, quizá me digan que no es eso lo pertinente…

 

  Dos puntos de mira diferentes a la hora de intentar comprender el universo en el que vivimos inmersos. La teoría de la relatividad de Einstein nos dice que el universo es ordenado y predecible, por eso dijo que Dios no juega a los dados. Pero en las leyes de la mecánica cuántica, que sostiene Hawking, manda la incertidumbre, siendo la única posibilidad de realizar pronósticos el predecir todas las posibles soluciones que surgen de un hecho, y por eso para él Dios sí juega a los dados.

 

    Para terminar todas las subjetivas reflexiones por mi parte, expondré mi pacificadora teoría relatocuántica, afirmando que: Dios juega y no juega a los dados.

 

 

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[Si les ha interesado, ruego le den a Compartir o lo envíen a algún amigo. Y me permito adjuntarles aquí un libro en pdf de Stephen Hawking titulado Breve historia del tiempo. Hawking ocupó la silla de Isaac Newton como Profesor Lucasiano de Matemáticas en la Universidad de Cambridge. Reconocido como el más brillante físico teórico después de Einstein, es también el autor de Black Holes and Baby Universes.]

 

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Breve Historia del Tiempo [Stephen Hawki
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