Una idea de mi niño interior


© Alberto Omar Walls

 

 

1.- La intransigente táctica alemana. ¿Por qué la Banca alemana y el FMI tratan de manera tan voraz a las economías más desfavorecidas actualmente? En el caso de hoy mismo, sobre el tapete del juego de tácticas y estrategias, está el ratoncito griego a punto de ser devorado por una voraz economía que no se satisface con nada. ¿Se dejará atrapar el ratón, o esta vez será el gato el atrapado? Habría que especificar aún más el título de este apartado de otra manera; un poco largo, pero más consecuente con la verdad. Este podría ser: La intransigente táctica de la banca alemana y la mala memoria de una economía que hoy chantajea políticamente a otros países amenazándolos con el hombre del frac.

 

Y lo de la mala memoria, viene a cuento porque Alemania ha olvidado que según el Acuerdo de Londres de hace sesenta y dos años [27-II-1953], anuló hasta casi un sesenta y cinco por ciento la deuda que contrajo por su ataque ilegal y desmedido contra los países hermanos de Europa durante la sanguinaria y dictatorial Segunda Guerra Mundial. La deuda alemana, antes de la guerra, ascendía a 22.600 millones de marcos; la otra deuda, la de la posguerra, a 16.200 millones. En un alarde de generosidad, los casi cuarenta mil millones de marcos de aquella época, se redujeron a catorce mil millones, lo que significaba una condonación de casi el sesenta y cinco por ciento de su deuda. Tampoco sé si se acabaron pagando…, ¡pero total, minucias  para la economía de hoy!

 

Por supuesto que la ahora intransigente banca teutona y su pueblo, no salió así como así de la ruina económica, pues pudo reconstruirse gracias a que recibió una maravillosa inyección de ánimos económicos a través del Plan Marshall norteamericano. Un buen plan para ellos, y que supuestamente sería eficaz política y económicamente también para España en 1950, aunque por aquí nunca pasó, como el gran Berlanga testimonia en su genial película ¡Bienvenido Mr. Marshall!, interpretada por el inefable Pepe Isbert junto a toda su fantástica camarilla coral de actores españoles: Manolo Morán, Lolita Sevilla, Elvira Quintillá, Manuel Alexandre, José Vivó, Fernando Rey… ¡Oh, qué maravilloso esperpento cinematográfico, y cómo movía la masa de actores secundarios españoles, todos ellos impecables, el único y genial Berlanga!

 

2.- Los niños especiales. No se llamen a engaño…, es mucho más que eso que piensa; no se trata de niños más o menos listillos, sino de seres auténticamente especiales. Hablo de que hay niños que, por sus ideas y comportamientos, las maneras de hablar y sus contenidos, están rompiendo los moldes adultos de esta sociedad ya caduca, hipócrita y desnutrida intelectual y espiritualmente… Me estoy refiriendo a los llamados niños cristal, diamante, índigos o arco iris. Son algunos de esos niños que han nacido después del año 2000 y que llevan trabados en sus conciencias el mejor conocimiento de los valores profundos que subyacen en la raza humana. Están naciendo con esos conocimientos, de auténticos ideales humanos, para ayudar a reconstruir, desde valores universales, a las nuevas generaciones. Se trata de dejar atrás el uso constante de verbos tan trapicheros y fatales como manipulación, insolidaridad o ganancia, porque ya vienen diciendo que este mundo debe empezar a ser más equilibrado, sensato, solidario, amoroso y positivo… Dije hace poco que le había oído decir a Pablo, un niño diamante de cinco años, esta maravillosa afirmación: ¡Este mundo no es para sufrir, sino para ser felices! Si observa que en su casa ha nacido un ser así, tan especial, cuídelo con esmero y permítale que su cerebro derecho se encargue de marcarle el mejor camino. Use la mejor táctica para amarle, darle confianza y aceptar su papel especial en el proceso de transformación y cambios de la vida; y, por supuesto, la estrategia de cultivar su tierra humana y abonarla con esmero cariño y… paciencia. Los estamos necesitando, y ellos lo saben.

 

 

3.- Las tácticas y las estrategias. Una cosa es la táctica y otra la estrategia, pero ambas pueden coexistir en un mismo proyecto de vida. Hay un poema muy esclarecedor del gran poeta Mario Benedetti, titulado Táctica y estrategia, que podrás oír aquí debajo si te apeteciera y que hace algún tiempo colgué en youtube. La gran sencillez y natural clarividencia de su poesía radicaba en tratar lo cotidiano con la hondura de lo imperecedero. En el poema nos dice que ama y amará al ser amado como en verdad es, que le acepta conociéndolo en sus abismos, que no lo manipulará ni le mentirá y que construirá entre ambos un puente permanente de diálogo; esa sería su táctica. La estrategia, la resume en que estará siempre con su corazón abierto de par en par para recibirle... o ir a buscarle.

 

Claro está, hay muchas clases de estrategias... Oigo en una cafetería contar un chiste con un significado estratégico sorprendente. Es este: de noche, entra un ladrón en una casa a robar. En la alcoba, está durmiendo el matrimonio. El ladrón abre la puerta del dormitorio y ellos se levantan sobresaltados. El ladrón les encañona con una pistola y le pregunta a la mujer: ¿cuál es tu nombre? María Teresa, contesta ella al borde del desmayo. Ah, te llamas como mi madre, pues a ti te perdono la vida. ¿Y tú, cómo te llamas?, le pregunta el autoritario ladrón al marido que está de pie, indefenso, en calzoncillos. Y, con el mayor descaro, este le responde: Manuel, pero en el pueblo me llaman María Teresa…

¡Claro está, de perdidos al río!

 

       4.- Resumen de conceptos. La eficiencia de un proyecto dependerá de la relación entre el producto y los costos consumidos. En el caso de la efectividad, la marcará la relación entre el resultado y el objetivo. Es decir, la capacidad real que un producto tiene para conseguir un fin, entrando en juego, por tanto, los intangibles. Y la eficacia, será el grado de satisfacción que alcanzan los objetivos previstos en la población independiente de los costos, valorando el impacto socio-cultural.

 

Y, volviendo al caso del principio, por ahora los acreedores están por mantener el rendimiento que le ha de dar, en el proceso evaluador, el concepto economicista de la eficiencia, de ahí sus exigencias ante Grecia. Pero, pregunto, ¿verdad que les vale la pena esgrimir las estrategias de la eficacia y la efectividad por encima de la simple y terca eficiencia directa y recaudadora? ¿Por qué los muy ricos son cada vez más más tercamente ricos?

 

 

Puede que esta sea una idea brillante, o diamante, o arco iris… de mi niño interior, el que todos llevamos dentro.


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