© Alberto Omar Walls
Nuestro profesor Ramón Trujillo, de la promoción 1967-72, se ha ido de este plano de tres dimensiones y se entregó a la tierra (solo su cuerpo, porque sé que su energía sigue viva). He estado hoy releyendo mi conversación de hace muchos años. Entre los dos, sobre la mesa, mi magnetófono. Por aquel entonces publicaba las entrevistas en la hoy desaparecida Revista Universitaria [1]. Con la relectura de aquella conversación se me han vuelto a plantear en el magín muchas cuestiones, como que el significado de las cosas no es el significado de las palabras, aunque tendamos en la vida diaria a confundir ambos juegos de comunicación y relación. Si las palabras apuntan a muchas más cuestiones que al corazón de la cosa que señala o la cosa misma ¿se sabrá dónde empieza y acaba la posibilidad de la auténtica comunicación a través de la palabra? El significado profundo de las relaciones lo marca tanto la actitud y los hechos como los gestos, aunque los seres humanos nos empeñemos en propiciar significaciones en un continuo tráfico de afectos y emociones conflictivas. Y desde luego, en una confrontación dialógica, preferimos desoír el valor auténtico que le da a sus palabras el interlocutor con quien hablamos, frente al que le imaginamos oculto o connotado. ¿Es sólo cuestión de saber escuchar y de tener asumidos los mismos mecanismos de re-interpretación de los significados de las palabras que usan y usamos para relacionarnos? En aquellas declaraciones de mi profesor y amigo Ramón Trujillo, en ella, entre otras cuestiones, afirmaba que cuando él hablaba de significados estoy hablando de la identidad de la palabra, y el problema es que el significado de una palabra no lo podemos describir, porque tiene que ver con todos los usos, que son infinitos...
Se supone que, en última instancia, cuando hablamos deberíamos tomarnos mucho más tiempo del que usamos para hablar y escuchar. Así podríamos ir poco a poco desgranando en nuestro interior el gran cúmulo de significaciones e interrelaciones que se nos pueden dar en una conversación mínimamente profunda. Aunque sabemos ya que para algunos las palabras no significan gran cosa, pues las usan en su mayoría para zaherir o simplemente defenderse, lo mismo que un arma..
¿Cuándo tornaremos al primitivo hallazgo de significado y significante, cuando aún no se habían producido las grandes interferencias de los múltiples significados o polisemias? En cualquier caso, si eso llegara a ocurrir, la literatura poco tendría ya que decirnos y es muy posible que tampoco pudiéramos leerla. ¿Para qué la poesía si la palabra no guardara ya la sorpresa y los dobles sentidos de la existencia? Quiero compartir con ustedes el texto completo de aquella entrevista de hace tantos años, donde Ramón, como siempre, se mostró muy ágil, inteligente y, sobre todo, ¡sabio!… Aquí va:
La otra cara de...
Los diccionarios son un callejón sin salida; nunca llegan al significado final de la palabra.
Ramón Trujillo, catedrático de Lengua Española: Lo malo del hombre es que pasa la vida pensando en el futuro.
Ramón Trujillo es, desde 1981, catedrático de Lengua Española de la Universidad de La Laguna. Maestro de generaciones de lingüistas ha publicado, entre otros muchos títulos, El campo semántico de la valoración intelectual en español, El silbo gomero. Análisis lingüístico, Trescientos ochenta años de soledad y Principios de semántica textual. Poseedor de una personalidad tremendamente apasionada, conjuga sabiamente los precisos elementos que también lo definirían como estilista del pensamiento. De siempre admiramos en él su fino sentido del humor, teñido a veces de un sutil aroma de irónico distanciamiento, el profundo sentido de la amistad, y la inteligente capacidad de distanciarse de sí mismo y su entorno.
Pregunta: ¿Dónde situaríamos el mundo del significado y el mundo de la metafísica?
Respuesta: Hablar del significado es casi hacer metafísica. El significado de las palabras o el significado de los textos implican la hipótesis de que fuera del texto o fuera de la palabra hay algo. Como imaginarle a los objetos un alma, y eso científicamente no resiste una confrontación. Cuando hablo de significado estoy hablando de la identidad de la palabra, el problema es que el significado de una palabra no lo podemos describir, porque tiene que ver con todos los usos, que son infinitos... Por eso, los diccionarios son siempre un callejón sin salida, un diccionario bien hecho es útil, pero no llega al final.
P: Habría que hablar de una estructura que implicara un inventario universal.
R: Claro, es como el ADN de la lengua. También está el léxico, que carece de propiedades lingüísticas. Porque las propiedades del léxico son designativas y tienen que ver con la realidad. La variabilidad de usos del léxico es enorme, de un país a otro... un término cualquiera en Hispanoamérica nos obliga a cambiar muchas palabras porque resultarían obscenas. Y no es que sean otras palabras, son las mismas con otros usos, pues desarrollaron usos nuevos, aunque la palabra sigue siendo la misma. El verbo coger es un verbo prohibido en Hispanoamérica y es el mismo verbo que aquí, donde también se usa en ese sentido. Pero no es un uso tan insistente como allá; se trata siempre de uso. Por eso... hablar de significado, tanto de la palabra como del texto, la parábola literaria, es algo que se separa del referente. Si hablamos del significado de una novela, desde luego no se trata del argumento, ése es el gran error en la enseñanza de la literatura, enseñar argumentos. El argumento estaba antes de la obra literaria y sigue después. Yo siempre pongo el ejemplo de la obra literaria que me produjo mucha desazón cuando la descubrí, Macbeth, de Shakespeare. Resulta que es igual, exactamente, al argumento... ¡el argumento lo tomó Shakespeare de una crónica...!
P: Como muchas otras obras, claro...
R: ¡Claro! Crónicas populares... eran los periódicos de la época, por decirlo así. Pero resulta que lo cuenta la crónica, la crónica Jollinger, esa crónica cuenta lo mismo que cuenta Shakespeare, ¿pero dónde está la diferencia siendo el argumento el mismo? Si el significado de la obra literaria fuera el argumento, sobra la obra de Shakespeare, y sin embargo no, la crónica es aburrida, no tiene ningún valor, es un relato histórico, y en cambio lo otro tiene una fuerza dramática... Es la forma idiomática, sólo idiomática, los dos están hechos con el idioma, uno es un texto que no es, que no tiene valor literario, y el otro sí, o sea, hay una significación que está por encima del referente, del argumento.
P: ¿Y a Ramón Trujillo le preocupa también, le obsesiona -vamos a llevarlo hasta ese extremo- el significado en su gran sentido verbal de la vida?
R: El significado de la vida, en el supuesto de que la vida tuviera algún significado, es una vieja historia... Yo recuerdo que en una película de Chaplin se plantea ese problema. Hay una muchacha que está impedida, porque tiene un problema de salud. El problema es que se pregunta siempre: bueno… ¿para qué? Para nada, se vive para vivir. No, la vida no tiene sentido, sólo está ahí, y si nosotros estamos aquí tiene el sentido que le queramos dar. La vida es hermosa si la queremos hacer hermosa y si no, pues no... La vida solamente tiene un sentido, que es vivirla; fuera de eso...
P: ¿Qué significado tiene la enseñanza hoy día para usted, el concepto enseñanza y su aplicación?
R: La enseñanza está muy lejos de donde tendría que estar, ha olvidado sus objetivos fundamentales que son la igualdad humana, la felicidad humana, la formación estética, la formación ética. Todos los sistemas educativos están encaminados a otorgar títulos que no sirven para nada en el fondo; tanto, que los jóvenes que sacan un título universitario no tienen ni siquiera empleo. Por ejemplo, en lugar de enseñar tanta gramática, tanta literatura, lo que habría que enseñar a los chicos es a leer, es una cosa que no sabe ningún español, que no sabemos. No sabemos leer, ¡no sabemos leer!, a mí me asombra, me ha asombrado siempre cómo leen los actores ingleses... He visto aquí a una serie de personajes leyendo El Quijote y haciéndolo trizas. Leer El Quijote es muy difícil porque hay que saber leer de verdad, hay que saber leer como se lee una partitura, como lee un músico, que ha tenido que leer quinientas veces para lograr entender los entresijos no solamente de tipo semántico, sino de tipo rítmico, de tipo sonoro, de tipo textual, hay que... Es que una lengua lo es todo, una lengua no sólo es el significado, una lengua también es la expresión, es el ritmo de esa lengua...
P: Como hecho integrador de toda una cultura…
R: Como danza, como gesticulación, y a su vez todo... Toda lectura implica todos esos factores y mientras todos esos factores no se unan no hay una comprensión del texto. Palabra a palabra, ritmo a ritmo, sílaba a sílaba. Yo estoy seguro de que eso se puede hacer con el español, por ejemplo, con las Coplas de Manrique, las buenas, porque en Manrique hay de todo, el Romancero mismo, San Juan de la Cruz...
P: ¿La infancia de Ramón Trujillo… qué significado tiene hoy día en él, en su mente, en su recuerdo, en su corazón?
R: Es que en la infancia se forma todo. La infancia es la clave, la infancia lo determina a uno para bien y para mal. Yo, de esa infancia mía tengo cosas muy positivas, mi padre, por ejemplo, el recuerdo de mi padre, lo que es mi padre, lo que hace mi padre, las largas charlas con él...
P: ¿Recuerda algún libro en concreto?
R: Un libro de Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer, ése fue mi primer libro. Dos años después ya estaba leyendo a Dostoievsky, con lo cual vemos que no hay literatura para niños. Yo no era un niño sabio, yo era todo lo contrario, un niño que estudié con malas notas, un desastre de niño que se fugaba de clase diariamente por las tardes. Logré convencer a mis padres de que por las tardes no había clase y me escondía en la azotea. Allí tenía un huequito adonde me llevaba libros y me ponía a leer.
P: ¿Para usted la infancia tiene el significado de un territorio que todavía subyace dentro del individuo?
R: Los recuerdos de infancia mediatizan mucho la vida. Hay recuerdos que son ininterpretables. Yo soñaba con unos caballos, unos cascos de caballos sobre la carretera en una noche de luna de verano, y eso lo he estado soñando toda mi vida. Ese sueño me produce una felicidad absoluta... ¿Y qué era? ¿Qué es eso en realidad?
P: ¿Qué significado tiene el futuro?
R: No existe. Lo malo quizás del hombre actual es que se pasa la vida pensando en el futuro, el hombre... lo que pasa es que actuamos en función de un futuro. Nos engañamos con el futuro, construimos un futuro que luego no es. Desde luego, el futuro nunca es como lo hemos programado...
[1] Alberto Omar Walls, entrevista publicada en el nº 5 de RULL, Revista Universitaria de la Universidad de La Laguna, en mi Sección La otra cara de, el 5 Mayo-Junio 1997.
